En casi todas las naciones del mundo, los hombres viven menos tiempo que las mujeres, la brecha de género es mayor en naciones industrializadas con altos ingresos como Estados Unidos y Canadá, donde la esperanza de vida entre hombres y mujeres creció de manera espectacular durante el siglo XX. En Estados Unidos por ejemplo, la brecha de género era muy pequeña en 1900, debido principalmente a que la esperanza de vida para ambos sexos era de tan solo 46,3 años para los hombres y 48,3 años para las mujeres, desde entonces, los increíbles avances en las condiciones económicas, los servicios de salud pública y la tecnología médica, han dado lugar al incremento en la esperanza de vida tanto para hombres como para mujeres.
Durante la mayor parte de este período de rápido avance, la ventaja de las mujeres en la esperanza de vida también aumentó, pasando de sólo 2,0 años en 1900 a un máximo de 7,8 años en 1975 (hombre 68.8 años, mujer 76.6 años).
Hasta este momento, podríamos pensar que la tecnología y los avances ya mencionados, darían lugar a un incremento permanente y progresivo de la esperanza de vida en ambos sexos, aunque favoreciendo a la mujer, sin embargo, desde un máximo alcanzado en la década de los 70 (7.8 años) en EE.UU., dicha ventaja para la mujer, ha ido disminuyendo a un 5,3 años en el 2003 que marca el punto más bajo en más de 50 años.
La diferencia es mayor cuando se mide en el momento del nacimiento y se reduce dramáticamente con la edad, en otras palabras, si los hombres viven hasta la edad de 65 años, y especialmente 75 las tasas de mortalidad entre los sexos tienden a igualarse, porque es en las edades mas tempranas, cuando el hombre tiene más probabilidades de morir por una variedad de causas, ejemplo: enfermedades del corazón, cirrosis hepática, homicidio, suicidio.
Surgen entonces dos preguntas:
1-¿Qué contribuye a la brecha de género con una mortalidad más temprana para el hombre?
Respondiendo a la primera pregunta, la principal explicación del porqué la mujer se muestra favorecida en el perfil de mortalidad en términos generales, se pueden clasificar en tres categorías: biológicos, socio-estructurales, y de comportamiento.
Desde un punto de vista Biológico, la evidencia muestra, que las mujeres tienen cierta protección contra la mortalidad, los estudios sugieren que el estrógeno ayuda a proteger a las mujeres contra enfermedades del corazón mediante la reducción de los niveles circulatorios de colesterol nocivo, mientras que la testosterona (hormona predominantemente masculina) aumenta las lipoproteínas de baja densidad, incrementando el riesgo de enfermedad cardiaca. ? (Newman AB, Brach JS. Gender gap in longevity and disability in older persons. Epidemiol Rev 2001;23:343-50.)
Además, las mujeres tienen un sistema inmunitario más fuerte, algunos autores han encontrado que la testosterona influye en el sistema inmunológico, causando supresión? (Owens, IPF. Sex differences in mortality rate. Science 2002;297:2008-9.) Sin embargo, la biología por sí sola no puede explicar las diferencias de género en cuanto a la mortalidad, sobre todo, porque esta relación difiere sustancialmente con el tiempo y entre naciones.
Por lo tanto, nos centramos en la investigación contemporánea de factores, Sociales, Estructurales y de Comportamiento, para tratar de explicar las diferencias de género en la mortalidad, de hecho, varios de estos factores influyeron determinantemente, en la creciente brecha de mortalidad entre hombres y mujeres durante los tres primeros cuartos del siglo XX.
En primer lugar, las naciones económicamente poderosas como Estados Unidos, experimentó una importante disminución en la mortalidad femenina a edades tempranas, especialmente las muertes relacionadas con los partos, debido a la mejor atención prenatal y obstétrica, los hombres sin embargo, siguen teniendo muerte prematura en etapa adolescente, adultos jóvenes, y de mediana edad.
Respecto a factores Estructurales
Mientras que la profesión médica y el gobierno federal han prestado atención especial a la salud de las mujeres las últimas dos décadas, no ha habido atención comparable en las necesidades de salud de los hombres, a pesar de algunas brechas obvias, ejemplo;
1. El número de casos nuevos de cáncer de la próstata, iguala casi el número de casos nuevos de cáncer de mama, sin embargo, los gobiernos invierten el doble en la investigación de cáncer de mama
2. No hay una oficina gubernamental de salud para el hombre
3. No hay una especialidad médica específica para el hombre. ? (¿Por qué los hombres mueren más jóvenes: Las causas de la mortalidad diferencias por sexo" Oct 2001 by Mast, Jess , Tickle, Leonie North American Actuarial )
Respecto a la diferencia de género en Comportamiento para la salud.- Dice el Dr. Alvarez-Gayou Jurgenson en su artículo titulado “Percepciones y Opiniones sobre la Masculinidad”, cuando se habla de salud, uno de los mayores riesgos que un hombre tiene a lo largo de su vida, es precisamente, ser hombre.
¿Cómo se genera ese estigma?
"El hombre nace y el varón se hace". Y para ello las expectativas sociales son claras: El varón debe demostrar su masculinidad con actos de valentía y fuerza y no manifestar debilidad física ni emocional, frases "tradicionales" como: "…los hombres no lloran…" o "…a golpes se hacen los hombres…" son reflejos de aquellas expectativas.
El Dr. Juan Impallari afirma que los niños recién nacidos, de ambos sexos tienen el mismo potencial y capacidad para "experimentar sentimientos, expresar una gama de sensaciones y desarrollar un repertorio de conductas, pero es entonces cuando el mundo adulto pone en marcha el proceso de enseñar lo que su cultura considera necesario" (socialización).
Los padres comienzan entonces a transmitir lo que se supone apropiado para cada sexo, generando así que desde pequeños, tanto hombres como mujeres, aprendan qué se espera de ellos para ser aceptados y aprobados por sus grupos de pertenencia. ? (Juan Impallari, (1995) Grupos de hombres e identidad masculina. Como la cultura nos pone algunas trampas. Archivos Hispanoamericanos de Sexología, Vol.1, Nº1.A)
Los hombres generalmente no hablan de sus problemas de salud, sino que reaccionan con hábitos que aumentan los peligros: consumo de alcohol y tabaco o volcarse en una alimentación excesiva, es poco común que actúen en pro de su bienestar físico.
Se caracterizan por:
- La disposición a correr riesgos para la salud
- Comportamiento agresivo
- Se resisten al auto-cuidado, desatendiendo los propios factores de riesgo para la salud.
- Subestiman los síntomas de enfermedad, hasta que llegan a extremarse las molestias agudas y no queda “más remedio que consultar a un médico.
Hay un incremento sostenido en desórdenes psicosociales en varones, incluyendo alcohol y abuso de las sustancias, crisis de la mitad de la vida, depresión, violencia familiar y el suicidio, por cierto, que sigue siendo un problema sin resolver. ? (Siegfried Meryn and Alejandro R Jadad, The future of men and their health. BMJ, Nov 2001; 323: 1013 - 1014 ; doi:10.1136/bmj.323.7320.1013Johnson. FW, Gruenewald.)
Por otra parte, como Unruh (1996) afirma, las mujeres aprenden a atender sus molestias antes que los hombres, en parte, porque las lesiones o enfermedades que dan lugar a sus “malestares” interfieren en la propia capacidad de resolver sus ocupaciones, y sus responsabilidades generales. ? (Gender differences in pain perception: the mediating role of self sindarticles.com/p/articles/mi_m2294/is_2002_Dec/ai_98125312/pg_5)
En general, los hombres visitan al médico un 33% menos que las mujeres y las visitas por servicios preventivos son 90% menos frecuentes que en mujeres.
Las mujeres adultas menores de 65 años registran más visitas al médico que los hombres y a la edad de 18-44 años, se marca un espacio mayor en la brecha de género, en su mayoría, a causa de la atención médica asociada con la reproducción.
Además, los hombres beben más alcohol, y más a menudo, que las mujeres, y tienen el doble de probabilidades de morir por enfermedad crónica del hígado y cirrosis, tienen además, dos a cuatro veces más probabilidades que las mujeres de morir prematuramente por homicidio, suicidio y lesiones no intencionales.
Además, de ser más propensos a retardar la visita al médico, tienden a no cumplir las indicaciones y se sienten más incómodos al comunicarse con sus médicos.
Por todas esas razones, los hombres son admitidos más frecuentemente en salas de emergencia y sus estancias en los hospitales son más prolongadas.
Y de relevante importancia es el hecho, de que más hombres que mujeres fuman cigarrillos, aunque esta diferencia es esencialmente inexistente en la adolescencia. ? (Barbeau EM, Krieger N, Soobader MJ. Working class matters: Socioeconomic disadvantage, race/ethnicity, gender, and smoking in NHIS 2000. Am J Pub Health 2004;94:269-78)
Fumar es especialmente significativo en este caso, puesto que las estimaciones sugieren que el aumento de las tasas de fumadores entre los hombres, en relación con las mujeres, representó el 75% del aumento de la brecha de género en la mortalidad entre 1910 y 1962.
Las estimaciones actuales sugieren que el tabaquismo representa el 25% del total de la diferencia sexual de mortalidad, y mucho más cuando el cáncer y la mortalidad por enfermedades respiratorias son considerados por separado. ? (Rogers RG, Hummer RA, Nam CB. Living and dying in the USA: Behavioral, health, and social differentials of adult mortality. San Diego, CA: Academic Press, 2000.)
Esta última explicación de la diferencia entre los sexos en la mortalidad respecto a tabaquismo, nos lleva a la segunda pregunta:
¿Porqué el tamaño de la brecha de género se ha venido reduciendo en varios países, desde el decenio de 1970?
Aunque la posibilidad es incierta, algunos expertos creen que el estrés cada vez más prevalente en la mujer, sobre todo, la que labora fuera de casa, incide de manera fundamental, por otra parte y aquí la evidencia es muy convincente, que el tabaquismo es el factor clave que determina el tamaño de la brecha de género en la mortalidad en las naciones de altos ingresos. ? (Bobak M. Relative and absolute gender gap in all-cause mortality in Europe and the contribution of smoking. Eur J Epidemiol 2003;18:15-18. Preston SH, Wang H. Sex mortality differences in the United States: The role of cohort smoking patterns. Demography 2006;43:631-46)
En los Estados Unidos, los hombres han abandonado el tabaco más rápido que las mujeres, a mediados de los 60 hubo una diferencia de 18% entre hombre y mujeres, en el factor tabaco (52% de los hombres y el 34% de las mujeres eran fumadores), y para 2005 esta se había reducido a una diferencia de 5,8%, (entre 23,9% de los hombres y 18,1% de las mujeres).
Se han observado tendencias similares en otras naciones de altos ingresos, con una fuerte evidencia que indica, que es el hábito del tabaquismo entre hombres y mujeres, lo que determina si las diferencias de género en la mortalidad esta disminuyendo, se mantiene estable, o sigue aumentando.
Es importante por lo tanto, reconocer que la ventaja de las mujeres en la brecha de mortalidad ha disminuido en muchos países durante las últimas décadas, debido a que se ha incrementado entre ellas, el hábito del fumar, sin embargo, continúan manteniendo la ventaja, debido en gran parte, a que la mortalidad entre los hombres sigue aumentando por causas no relacionadas con el fumar por ejemplo, el suicidio, accidentes y homicidios ? (Pampel, F. Cigarette use and the narrowing sex differential in mortality. Popul Dev Rev 2002;28:77-104.)
Por último, en muchos países, la mujer tiene a la mayoría de los determinantes sociales de salud en su contra, los patrones culturales, estereotipos y creencias, sumados a un menor acceso a la información y servicios, peores condiciones económicas, baja participación en la toma de decisiones; factores todos ellos que incrementan el riesgo de las mujeres de adquirir el VIH/SIDA.
Los datos sobre casos registrados en 2001 muestran una mayor presencia de casos nuevos entre las mujeres menores de 15 años y entre las de 45 años y más.
Surgen entonces interrogantes:
¿Se puede algo hacer para mejorar la esperanza de vida de los hombres y mujeres?
¿Hay estrategias eficaces y moralmente aceptables, para modificar el comportamiento negativo de los hombres hacia sí mismos y hacia otros?
¿Podrá la mujer encontrar otras alternativas con que suplir los “beneficios” que obtiene con el tabaquismo?
¿Se logrará respecto a la salud, que el concepto equidad signifique no una distribución igual de recursos, sino una distribución diferencial de acuerdo con las necesidades en salud, particulares de cada sexo?
¿Qué hacer? ¿Qué nos queda?
Como hombres, jóvenes o no, pensamos en la salud o el cuidado sólo en términos físicos, como bañarnos o asearnos, pero realmente el auto-cuidado va más allá de una limpieza corporal, higiene bucal y revisión médica; implica también explorarnos a nosotros mismos, los múltiples cambios manifiestos en nuestro cuerpo, y sobre todo y de manera importante, lo que sentimos en relación a la acumulación de cosas que pueden ser trascendentes en nuestra salud.
Considero necesario que como personas, comencemos a trabajar sensibilidades que nos permitan ejercer decisiones con responsabilidad, adoptando el autocuidado como una cultura dinámica y permanente, identificando los factores (Inma Capo los desglosa magistralmente en ¿Qué es el crecimiento personal? PNLnet) que nos mantienen atados al dolor emocional, e impiden ese desarrollo inherente para el fortalecimiento del auto concepto, Autocontrol, Autoestima y Resiliencia. ? (www.elautocuidado de la salud—ucaldas)
Al final, sólo una cosa está clara: la diferencia entre los sexos en la mortalidad se mantendrán en flujo durante bastante tiempo debido a los continuos cambios en la situación social, económica, dinámica y de comportamiento que determinan la salud y la longevidad, de las mujeres y los hombres.
La salud es algo que deberíamos SER y no ESTAR y que para ello hemos de aceptar nuestra implicación o responsabilidad en la enfermedad. ? ( PNL, enfermedades, sanación & espiritualidad. Rosetta Forner)
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