Todos los enfoques centran su atención en distintos aspectos. Según sea su filosofía, considerarán que el problema tiene relación con orígenes diferentes, desde "traumas infantiles" a "sentimientos reprimidos", pasando por una larga serie de causas: "problemas de comunicación", "jerarquías incongruentes", "baja autoestima", etc. Los terapeutas con enfoque analítico quieren solucionar traumas de la infancia, los conductuales prestan su atención en las conductas, para los analistas transaccionales será importante la relación entre el padre, el adulto y el niño, para los estructuralistas lo definitivo es la estructura, para los sistémicos la homeostasis familiar... Es como si hubiera distintos problemas para cada enfoque terapéutico. Pero estamos hablando de las mismas personas y de las mismas quejas.
Cuando llega un cliente a la consulta de un experto en PNL, lo primero que hace el cliente es contar su problema desde sus orígenes, porque eso es lo que se espera que haga. Si al médico hay que contarle todo desde el principio, se supone que al psicólogo también. Sólo si el terapeuta sabe todo podrá llegar hasta su causa y buscar una solución. El experto en PNL, mientras tanto, lo que hará será escuchar, ya que eso es lo que se supone que tiene que hacer, pero no se fijará tanto en el contenido sino en el lenguaje empleado por su cliente. Sorprendentemente, al experto en PNL no le interesa el contenido de la queja, sino sólo saber cuál es la meta de su cliente.
Quejas y metas son dos interesantes aspectos de la intervención con PNL. ¿Para qué utilizamos las quejas? Las utilizamos para entender cómo funciona la persona con la que estamos hablando, cuáles son sus estrategias internas, de qué manera lo que le ocurre está influido por sus procesos internos. Cuando el cliente expone su queja, nos fijamos en su forma de hablar, en los predicados que utiliza, en los pequeños movimientos de su cuerpo. En la queja nos transmite su modelo del mundo, cómo vive la realidad y de qué manera establece su comunicación con el entorno y consigo mismo. La queja nos proporciona mucha información, una información imprescindible, ya que a partir de entender la queja podremos empezar a calibrar y a entrar en sintonía, podremos entender sus metaprogramas y cómo está usando el lenguaje, de tal forma que se queda atrapado en la propia queja.
Las metas son lo realmente importante en PNL. No son nuestras metas, sino las metas del cliente, aunque a la hora de definirlas será imprescindible que nos pongamos de acuerdo. El cliente marca el camino, nos dice a dónde quiere llegar. Los terapeutas no nos metemos donde no nos llaman. Si vemos que hay un posible problema, pero es algo que no le preocupa al cliente, entonces es algo que no nos importa y que no abordaremos en la terapia.
A las metas en PNL les llamamos el "estado deseado". Una pregunta muy útil que le podemos hacer al cliente para saber cuál es su meta en la terapia es decirle: "Si esta noche mientras duerme se resolviera su dificultad, ¿cómo lo sabrá usted y cómo lo sabremos los demás? , ¿Qué hará usted mañana diferente al levantarse por la mañana?, ¿Cómo serán las cosas en su vida una vez se haya resuelto el problema?, ¿Qué hará mañana que no hace hoy?, ¿Quién o quiénes harán cosas distintas y qué cosas serán esas?" Las respuestas a estas preguntas nos darán las claves de cuál es el estado deseado por el cliente.
¿Y una vez que sabemos cuáles son las metas? Cuando ya sabemos cuáles son las metas, lo que hacemos es diseñar una estrategia para obligar al cliente al cambio.
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