Como escritora y directora de talleres literarios, desde hace ocho años, he tenido la oportunidad de observar de cerca, en mí y en muchas otras personas, el profundo cambio que se experimenta al escribir. En este artículo, pretendo mostrar cuáles han sido los hechos que me han llevado a descubrir que, la escritura es una herramienta maravillosa que sirve para alcanzar la felicidad.
En primer lugar, los músculos de los rostros de las personas se aflojan visiblemente cuando se dejan llevar por el bolígrafo que sostienen en su mano o mientras sus dedos bailan diestros por un teclado, en esos largos momentos en los que se adentran en las sensaciones de un personaje y en los acontecimientos que ellos expresan sobre el papel, sin tener plena conciencia de haberlos creado a ambos. Al escribir, la persona sufre un proceso de cambio reparador que alivia todas las cargas que sobrelleva en su realidad cotidiana: las preocupaciones; los temores; los arrepentimientos; los planes; etc. Este abandono temporal de uno mismo es ya un gran remedio contra los males que aquejan la mente y el alma, pero no es el único beneficio por el que escribir conduce a la felicidad. Cuando una persona crea un personaje y describe una situación que le da la vida, entra en un proceso de transformación de sí mismo, en el que desarrolla ampliamente su empatía, lo cual le convierte en un observador extraordinario, en un experimentador de otras circunstancias, similares o no a las propias.
Al crear reacciones y acciones diversas en el personaje ante sus circunstancias, se adquieren habilidades como la comprensión; la compasión; la facilidad para identificarse con otro ser, que puede actuar de forma muy distinta a como lo haría quien escribe. Esta habilidad posibilita la misma comprensión y empatía en la vida real, y aleja de juicios, críticas, y otros desastres que niegan la felicidad interior a quien los hace, mucho más que a quien los recibe.
Después está el desarrollo de la imaginación, la práctica de inventar seres y lugares creados con la única intención de darles vida para que puedan disfrutarla como las personas. Sentirnos dioses creadores de mundos que, es posible, que nos sean más afines de lo que creemos. El inconsciente nos revela un universo creado y lo hace en el único lenguaje que conoce, el de la imaginación. Como un niño, se expresa desde la espontaneidad e inocencia de quien no teme a nada, por desconocimiento. Al escribir nos dejamos llevar por el subconsciente, uniéndonos a él, aportando las habilidades conscientes a esa unión y permitiendo ser guiados por nuestro niño interior. Es un intercambio de capacidades, de poderes que van a usarse a través de un medio de expresión como poderosa herramienta de conexión entre la realidad exterior y la realidad interna.
Quien escribe es feliz mientras está escribiendo, pues siente que al abandonarse, se halla. Porque para encontrarse a uno mismo, primero hay que decidir perderse, olvidarse y perder el control. Y es cuando dejamos de intentar sostener lo insostenible, cuando comprendemos que todo nuestro interior se sostiene por sí mismo, sin necesidad de nuestro esfuerzo constante y consciente, sino todo lo contrario, de nuestra aceptación silenciosa y pacífica.
La persona que escribe desprende siempre algo de sí misma sobre el papel. Esta actitud de compartirnos, nos libera de disfraces y armaduras, en un acto de entrega total, muy beneficioso para el bienestar, porque todos necesitamos de algún tipo de relación desinteresada con nuestros semejantes, y escribir es un acto de generosidad y altruismo infinitos.
Tras haberme dado cuenta de que el acto de escribir, hace felices a las personas, pude observar mi propio trabajo como escritora, donde la escritura ha llegado a convertirse en una necesidad intrínseca, pero además de personajes inventados en universos creados por mi imaginación, he podido comprobar que siempre me permito un tiempo para escribir, dirigiendo la escritura a mí misma directamente. Y he sabido además, que muchos de mis alumnos también lo hacen. Cada uno de ellos suele escribir en un cuaderno en el que narraban sus miedos, sentimientos y emociones. Ese cuaderno, al que llamo “cuaderno del bienestar” es un espacio al que recurrir cuando se necesita, cuando uno quiere hablarse a sí mismo sin intermediarios, y es similar al rezo, a la oración, en cuanto a intimidad se refiere. Además los temores, al ser expresados, disminuyen en tamaño y en importancia, lo cual facilita el acceso a la felicidad. La conexión que crean las palabras escritas, entre el subconsciente y la propia conciencia del escritor, me ha dado la última de las claves que necesitaba saber, para empezar a utilizar la escritura como herramienta para alcanzar la felicidad.
El hecho de unir ambas maneras de expresión, la literaria y la íntima, da un buen resultado. He ideado un taller literario en el que el fin primero y último es alcanzar el bienestar a través de la escritura. Todo ello, tras estudiar minuciosamente las distintas técnicas de la literatura, aprovechando todas sus ventajas y seleccionando las que posibilitaban la libertad necesaria para hallar el camino que buscaba, literariamente.
La poesía, por ejemplo, se escribe desde la necesidad de exteriorizar los sentimientos, generalmente de dolor, de dentro afuera. La prosa sin embargo, es más sagacidad y desenvoltura, menos emocional y por lo tanto, más pensada, hace falta más tiempo físico para escribirla y al hacerlo, los sentimientos pueden ser, no tenidos en cuenta fácilmente. Pero en ambas, la imaginación, es decir, el subconsciente, trabaja en unión con el consciente que sirve de embudo para la expresión del interior.
La persona que escribe, es utilizada por su imaginación, durante lo que llamamos inspiración y una vez terminada la escritura, se asombra y no parece reconocerse en lo escrito. Por ello, me he preguntado si es posible intercambiar este hecho y utilizar la imaginación a favor de quien escribe. En lugar de ser un instrumento de la imaginación, utilizar la imaginación a nuestro favor, convirtiéndonos conscientemente en la parte dominante, pero participando aún del proceso de la inspiración, facilitada por una serie de ejercicios pensados y elaborados para este fin y otros igual de provechosos.
Es posible imaginar para nuestro beneficio y bienestar. No solo permitiéndonos el alivio de expresar nuestras sensaciones y dolores en un papel, sino a través de una escritura guiada, con unas técnicas o ejercicios de escritura que propician dar un paso hacia varios fines y resultados positivos: el auto conocimiento; la autoestima y la valoración real de uno mismo; la comprensión y aceptación de nosotros y de los demás; el desarrollo de la intuición al hermanarnos con el subconsciente; la creación de nuestro entorno ideal; la elección y toma de decisiones con libertad; la aceptación y superación del pasado; el aprendizaje del perdón; la forma de convertir nuestros sueños en una realidad; y la sensación consciente y constante de vivir el presente.
Un escritor sabe que no existe una única realidad en este mundo, sino que hay realidades distintas para cada uno de nosotros, y sabe también que la realidad puede crearse, transformarse, cambiarse y sobre todo, mejorarse. Para un escritor, todos somos dioses creadores de nuestro día a día. A través de la realización de los ejercicios de escritura guiada, esto se aprende fácilmente, sin dolor y solo con un pequeño esfuerzo de profundización en nuestro interior, que suele estar reflejado fielmente en el exterior. Estos ejercicios no buscan nunca el derrumbamiento emocional de quien los realiza, con ellos se trabaja siempre desde una actitud positiva, porque es con optimismo como se consiguen las cosas. Tampoco busca imposibles como la desaparición del miedo o mantener la eterna lucha que las personas tenemos con nuestros temores. Por el contrario, al hacer los ejercicios se consigue una aceptación del temor, que lleva inevitablemente a su disminución, convirtiendo al miedo en un amigo y aliado, que se mantiene alerta, ocupando sabiamente un lugar a nuestro lado, desde donde no impide la libertad de acción ni la toma de decisiones, sino que apoya y anima con su presencia, que ya no nos resulta molesta, sino compañera.
Propongo ahora varios ejemplos de algunos de los muchos ejercicios de escritura guiada que he elaborado para provocar en el inconsciente, la metamorfosis necesaria para avanzar hacia la felicidad personal e íntima de cada persona. Por supuesto que cada mente es un mundo, por ello, según va necesitando cada alumno, voy sugiriendo hacer distintos ejercicios para cada problema o cuestión específicos y especiales, lo que convierte el taller en un trabajo personalizado que nunca se olvida de las diferencias y peculiaridades de cada persona.
Ejercicios:
1. ¿…Y si no tuvieras miedo?
Escribe lo que harías o cómo actuarías si no tuvieras miedo, en una o varias situaciones de tu vida. ¿Quién serías? ¿En qué trabajarías? ¿Dónde vivirías y con quién? ¿Qué dejarías? ¿Qué cambiarías?, etc.
Escribe dejando el miedo de lado por unos minutos, con la tranquilidad de saber que es sólo un ejercicio y que no pasa nada porque te libres del miedo durante un tiempo.
Esta es una práctica sanadora que provoca que el subconsciente se ponga a trabajar por y para ti. Realizar este ejercicio logra que tu mente empiece a sentirse a gusto en una nueva situación sin miedo. Los resultados pueden ser realmente sorprendentes.
2. ÍTACA
Escribe qué significa para ti el poema Ítaca de Kavafis si lo adaptas a tu vida y tu momento actual. ¿En qué aspectos puedes identificarte con él? ¿En qué puedes aplicar su enseñanza?
Ítaca, Kavafis
Cuando salgas para hacer el viaje hacia Ítaca
has de rogar que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de conocimiento.
Has de rogar que sea largo el camino,
que sean muchas las madrugadas
que entrarás en un puerto que tus ojos ignoraban
que vayas a ciudades a aprender de los que saben.
Ten siempre en el corazón la idea de Ítaca.
Has de llegar a ella, es tu destino
pero no fuerces nada la travesía.
Es preferible que dure muchos años
que seas viejo cuando fondees en la isla
rico de todo lo que habrás ganado haciendo el camino
sin esperar a que dé más riquezas
Ítaca te ha dado el bello viaje
sin ella no habrías salido.
Y si la encuentras pobre, no es que Ítaca
te haya engañado. Sabio como muy bien te has hecho
sabrás lo que significan las Ítacas.
3. Reinventa tu pasado
¿Qué es lo realmente verdadero, lo que ocurrió o la manera que tenemos de recordarlo? Con el paso del tiempo, los hechos se distorsionan en la memoria. Son tiempo pasado y ya nunca volverán, sin embargo, permitimos que regresen a nosotros con su frustración y su dolor, con el arrepentimiento. Los revivimos en el ahora, permitiendo que nos sigan haciendo daño.
No siempre son los hechos negativos, a veces son recuerdos positivos que exageramos y distorsionamos, engrandeciéndolos en la memoria, haciendo que sean mejores de lo que fueron en realidad. Ten en cuenta que ambas cosas son perniciosas para tu bienestar. En este ejercicio nos ocuparemos sólo de los recuerdos negativos.
Recuerda mentalmente un episodio de tu pasado en el que no actuaste o te comportaste como te hubiera gustado o como crees que deberías haber hecho. Después, escribe un nuevo final para tu historia. Escribe cómo te hubiera gustado actuar, pensar, hablar, comportarte, etc., con un final feliz. Te sorprenderá lo sanador que es este ejercicio.
El resultado obtenido es siempre un profundo cambio interior que provoca una continua transformación individual, interna y externa, en cada persona, y solo utilizando una herramienta accesible como la escritura. Además, convierte el acto de escribir, en algo práctico que aprendemos a utilizar en soledad a partir de ahora, tras haber realizado los ejercicios, sin necesitar que ya nadie nos guíe, salvo nuestra propia brújula interna.
¿Qué es el bienestar interior? Una calma y aceptación, que no conformismo, que provoca que todo lo externo se acepte con alegría o se trabaje por mejorarlo si es necesario. Es la sabiduría que nos guía desde nosotros mismos con la creencia de que equivocarnos forma parte de un aprendizaje ineludible. Es la capacidad de conducirnos por la intuición que siempre acierta con habilidad certera, aun incluso cuando no hemos tenido el tiempo suficiente ni hemos vivido los hechos que nos hacen comprender el porqué de las cosas.
¿Cuál es el bienestar interior que lleva a una persona a sonreír mientras escribe y también después de hacerlo, tras haberse sentido completa, íntegra, exacta? La escritura otorga la libertad para alcanzar la felicidad en quien escribe. Hay un camino sorprendentemente fácil de recorrer por el que se llega rápido a un destino único que todos compartimos, ser felices. Y la escritura, son los zapatos más cómodos que pueden usar nuestros pies para caminar hacia nuestra última misión en la vida, la felicidad interior.
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