Hace ya algún tiempo que aprendí que las cosas rara vez son lo que parecen, suelo apreciarla por el exterior, hago una evaluación de lo que a mis sentidos llega y así concluyo en un resultado…aunque, ¿qué otras posibilidades existen?
Puedo irme al otro lado y llegar a la conclusión de que nada de lo que pueda observar, sopesar o que toda la información que con mis sentidos recojo es fiable, y por lo tanto habré de desconfiar de ella y no obtener una conclusión precipitada.
Otra opción puede ser la resultante de un equilibrio entre lo que objetivamente veo y lo que me está diciendo; y lo que subjetivamente estoy interpretando.
Si yo veo una silla, habrá cosas que en la misma pueda objetivizar: el color, el material del que está construida, la altura, si tiene o no reposa brazos…y puedo llegar a la conclusión de que “la silla es cómoda”, y ahí es donde paso a lo subjetivo, porque hasta que no me siente en la misma no podré comprobarlo, y en todo caso si así lo fuese siempre será para mí, que no significa que pueda serlo para ti.
Y como las personas en general no tenemos un aprendizaje en esto de objetivizar y subjetivizar, es donde se producen muchas ceremonias de la confusión en torno a estos temas. Desde lo buena o mala que es una persona, lo bien o mal que me resulta su contacto, lo atractiva o poco afortunada que es, el éxito o el fracaso que acompañará a esa persona…etc. Es decir, damos valor objetivo a algo que tan sólo está en la interpretación que yo estoy haciendo de unos determinados signos exteriores.
A partir de aquí la cosa que se puede complicar un poco más, cuando una interpretación – y como tal subjetiva – puedo verificarla, y tras obtener un resultado positivo de la verificación pasaría a ser un hecho objetivo y quedarme sólo con él; cuando lo puediese ocurrir es que ese hecho aparentemente objetivo está encubriendo otra cosa que en la primera verificación no ha aflorado.
Imagina que te diriges a un bar y pides un café, te atiende una camarera con el ceño fruncido, rostro tenso, con movimientos lentos y bruscos, con lo que llegas a la conclusión de que “esta persona está enfadada” y a continuación te dices, como soy consciente que no deja de ser una interpretación de lo visto voy a verificarlo. Decides planteárselo directamente a la camarera, y le preguntas si en verdad está enfada, a lo que ella te puede responder afirmativamente comentándote que “está cansada de hacer todos los días lo mismo y de atender a pesados como tú”. Y bien ahí tienes la verificación buscada, y lo conviertes en un hecho objetivo: tienes el estímulo sensorial, y la respuesta al mismo. Crees que está frustrada y para colmo te ha llamado pesado.
Pero, puede que la exploración con la camarera se haya producido de una forma muy superficial, con lo que la misma no te ha contado, que de un tiempo a esta parte tiene dificultades derivadas de la relación con su pareja, que esa misma mañana habían discutido agriamente y cada vez que esto ocurría, una de las consecuencias es que las tareas en las que a posteriori se involucraba le resultaban monótonas, cansadas, y tendía ha hacer culpables a los otros. Tareas y personas que sin esa predisposición afrontaba en otras ocasiones de una forma muy distinta, con lo que permitía la contaminación de áreas que no tenían nada que ver.
Pues bien, en este ejemplo que se puede distinguir claramente como es útil hacer la distinción entre objetivo y subjetivo. Tomar conciencia de cuanto estoy interpretando algo, y de que eso que estoy interpretando en muchas ocasiones me puede resultar muy valioso el verificarlo, pero que no siempre la verificación es lo suficientemente completa como para llegar a conclusiones certeras.
Y no sólo me manejo con estos bailes de máscaras hacia el exterior, también lo hago conmigo mismo, y después de una forma consciente o inconsciente lo utilizo con los otros. Así puedo mostrar a unas personas que soy alguien muy interesado en la “problemática social” y dedico mucho del tiempo del día a permanecer informado, escuchando tertulias radiofónicas, leyendo diarios de distinto signo, asistiendo a conferencias, debates…y claro para quienes hacen de observadores, pueden llegar a la conclusión objetiva – por su verificación – de que efectivamente es así.
Ahora bien, con esta faceta personal “tan interesada en la problemática social” , lo que puedo estar encubriendo, es un rechazo, miedo, postergación, a entrar en otros temas que sí que me atañen directamente como pueden ser: la relación con mi familia, en qué punto puedo estar relacionándome y cómo con mi desarrollo profesional, cómo me estoy relacionando en el mundo emocional, sentimental.
Con lo que la preocupación objetiva, no deja de ser una máscara que está ocultando otra problemática subyacente, que al final de cuentas resulta ser la relevante. Así que no todo es lo que parece, auque tampoco hemos de desconfiar de todo lo que vemos; y todo me lo dará contextualizar las cosas, cuando una forma de pensar objetiva me será útil, y cuando me resultará más útil hacerlo de una forma subjetiva; aunque tanto en un caso como en otro, la verificación siempre será conveniente y cuanto más completa más próximo estaré de lo esencial de la cosa.
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