En otras ocasiones es a nosotros mismos a quién debemos perdonar, porque nos sentimos culpables de alguna actuación en la vida.
Y, ¿para qué perdonar?
Principalmente para sanarnos a notros mismos y a los demás, para vivir en paz y para vivir más libremente.
Y, ¿cómo perdonar?
Muchas personas que han sufrido decepciones, frustraciones, desengaños, o una gran desgracia en la vida, para poder perdonar al o a la “culpable” de ello, sienten como requisito imprescindible que el o la causante de su dolor se arrepienta del hecho y que manifieste su error. Pero en la mayoría de los casos, las personas se justifican así mismas cuando realizan sus actos. Tienen sus propios motivos y en muchos casos una intención positiva, pero aún así pueden y podemos hacer daño.
Las premisas a tener en cuenta y que nos pueden ayudar para el “Perdón” son:
- Nuestra intención sincera de querer perdonar y perdonarnos.
- Hacerlo desde la base de que la persona que nos ha hecho daño, o nosotros mismos, no somos perfectos y no hemos podido hacerlo mejor en ese lugar, en las circunstancias y con los recursos que disponíamos en se momento.
El perdón nos beneficia, nos sana, nos libera... da igual que o quién ha causado el daño, lo importante es que un cambio en el punto de vista de que “somos humanos” que estamos aprendiendo, evolucionando, pero que aún nos falta mucho para llegar a la perfección, nos puede dar otro marco de referencia que nos ayudará en el proceso del perdón.
Cuando ha pasado el tiempo suficiente, “hechos” o situaciones que nos parecieron desgraciados en su día, ahora reconocemos que han sido nuestros maestros y que los momentos más difíciles son los que nos han ayudado a dar los pasos más largos hacia delante.
Pauta antigua
Yo perdono, pero no olvido (puede esconder una falsa intención).
Propuesta de nueva pauta
Yo perdono realmente y aprendo de la situación para no repetir la misma pauta.
Otros artículos de María Magdalena Castro Goya en ¡Chasquido!
|