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Salud
No me siento aceptado, por Mary Rouke

          Una de las experiencias más duras a las que se puede enfrentar una persona es a la exclusión social, a no sentirse aceptado en ningún grupo, sentir que no se pertenece a ninguna parte.



Esta tipo de situaciones se traducen en un sentimiento universal: la soledad.

Este sentimiento puede darse en personas que se sienten poco aceptadas o que simplemente sienten que son diferentes. Se vuelven obsesivas con el tema, todo gira entorno a su aspecto físico, a si van a dar la talla en lo que se debata en la reunión, o si sabrá responder a las expectativas que se han creado sobre él/ella etc.

Crean un círculo vicioso de temor ante lo que los demás puedan llegar a juzgar, observar, evaluar etc. En definitiva en un temor increíble a lo que los demás puedan llegar a pensar de ti.

En las exclusiones sociales puedes ser el que siempre queda en un segundo plano y nunca interviene, al que le toman el pelo incesantemente, puedes ser el rechazado, etc.

También es cierto que hay gente que basándose en la exclusión que han sufrido en la escuela, optan por anticiparse a la crítica, y prefieren no abrirse y encerrarse en ellos mismos pensando que no van a dar la talla. Creándose así una situación de ansiedad.

Algo que tenemos que tener en cuenta es que en cierto modo y momento de nuestras vidas, todos hemos sentido cierto rechazo o inseguridad. Sin embargo la repercusión de esta situación depende de la intensidad y lo traumático que haya supuesto para nosotros.

Todo el mundo ha sufrido cierta exclusión en algún momento de su vida, sin embargo finalmente la mayoría consigue reponerse y encontrar un grupo en el que sentirse integrado. Los casos más graves se dan en aquellas personas que sufren una exclusión durante toda su vida.

El sentimiento general de estas personas es:” Siento que no pertenezco a ningún sitio, no me siento identificado con nada ni con nadie.”

Así muchas personas optan por evitar las situaciones sociales, optan por la huída. Prefieren seguir así y que nada cambie, así están más cómodos.

Otros por su parte tratan de poner remedio a lo que les angustia. Para eso se valen de la imaginación, preparan el terreno centrándose en su capacidad imaginativa.

Se trata de darle la vuelta a lo que han estado haciendo hasta ahora. En vez de recrearse una y otra vez en imaginarse que las situaciones van a ir mal, que no van a dar la talla; hacen justamente lo contrario, visualizan en su cerebro imágenes en las que todo va de maravilla. Imágenes en las que se desenvuelven perfectamente sin temor, ni vergüenza alguna.

Se imaginan situaciones en las que lo que ensayan y consiguen es el éxito absoluto, y no otra vez el fracaso.

Lo que debe quedarles claro es que en esta vida hay cosas de nosotros mismos que no podemos cambiar, sin embargo hay otras muchas cosas importantes, que podemos mejorar o incluso llegar a cambiar.

Es por eso que hay que aprender a vivir y a aceptar aquellas cosas no tan buenas que tenemos, pero también tener la fuerza suficiente para, aunque con mucho esfuerzo, llegar a cambiar aquellas cosas que se pueden cambiar.

Para realizar correctamente este ejercicio lo que hay que evitar es ver esas cosas no tan buenas que no podemos cambiar como un “todo”.

En definitiva esforzarse por salir de la soledad y buscar disfrutar con la compañía de la gente.

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