El descubrimiento de que el cerebro, en vez de ser una masa amorfa y sin función específica - una "esponja fría", diría Aristóteles -, comprende muchas partes diferentes macro y micromorfológicamente y cada una con una función específica, es uno de los hitos más importantes dentro de la historia de la neurología: abre el paso al moderno concepto de localización de la función cerebral que, perfeccionado a través de muy variados métodos de investigación, llega a convertirse en uno de tos principios básicos de la neurofisiología, al facilitar el diagnóstico y la localización regional de las eventuales lesiones.
Las muy variadas direcciones de investigación que encontramos a lo largo de las últimas centurias, pueden agruparse en dos tendencias principales:
1. Los partidarios de la localización cerebral, que hacen de la corteza un mosaico funcional; y
2. Quienes defienden que todos los procesos psíquicos activan el cerebro en su totalidad, funcionando la corteza como un todo.
Detengámonos brevemente en algunos de los principales autores de cada una de dichas tendencias.
I. Las teorías localizacionistas
- La frenología: Gall y Spurzheim
Aunque ya en el siglo XVII encontramos experimentos sobre localización cerebral (es a finales del siglo XVIII cuando un experto anatónomo, Franz Josef Gall (1758-1828), junto con su discípulo Johann Gaspar Spurzheim (1776-1832), da el primer paso decisivo en el estudio de las funciones psicológicas del cerebro.
Tras notar que individuos con ciertas cualidades intelectuales tienen interesantes prominencias craneales, elaboran una doctrina denominada craneoscópica, y que conocemos hoy día como frenología, según la cual la palpación del cráneo revela las cualidades morales y las facultades intelectuales de una persona.
Según estos autores, las facultades mentales están localizadas en la sustancia gris del córtex, debajo del cráneo: cada facultad está independientemente en el córtex, aunque conectada entre sí a través de comisuras en la sustancia blanca. El cerebro, por tanto, es como un paquete con 27 (luego Spurzheim lo amplía a 37) órganos - de ahí su sinónimo organología- separados que presiden cada una de las diferentes facetas del individuo y producen una protuberancia o abolladura local en la cara externa del cráneo. La conclusión de que las variaciones craneales sugieren perfiles de personalidad característicos de cada individuo da pie a toda una serie de excesos entre sus seguidores, haciendo predicciones sensacionales que desprestigian de lo debido la indudable categoría investigadora de Gall.
- Las teorías de Franz Josef Gall
La principal crítica que puede hacerse a la frenología es la manera cómo asumen un número totalmente arbitrario de órganos concebidos todos ellos como fundamentales, innatos, aislados entre si, localizados en una zona propia y sirviendo de manera específica y exclusiva a solo una facultad.
Sin embargo su mérito es mucho más importante; tanto que se les ha de reconocer como los fundadores de la moderna localización cortical. Dan la importancia debida al córtex en relación con las funciones mentales y anticipan los constituyentes básicos de la doctrina de la Idealización cerebral: la suposición de que existe un número limitado de funciones mentales elementales y otro igualmente limitado de órganos cerebrales bien definidos, y el aislamiento de la función y órganos cerebrales y de la naturaleza específica de estos últimos.
Por lo que se refiere a los procesos psíquicos, Gall dice que cuanto más desarrollado esté el lóbulo frontal, respecto al occipital y al parietal, más inteligente será dicha persona.
Los estudios clínicos posteriores mantienen presente las creencias de Gall durante la mitad del siglo XIX y prueban que, aunque equivocado en los detalles, tiene razón en cuanto al principio, que no es sino otra forma de fisiognomía, variedad de las cuales han existido durante siglos.
- La localizaron del lenguaje: Bouillaud y Broca
Un ardiente defensor de las teorías de Gall sobre la pluralidad de órganos cerebrales, y en concreto, sobre la localización de la facultad de hablar en el lóbulo frontal, es Jean-Baptiste Bouillaud (1796-1875) quien, por primera vez, distingue entre la facultad de crear palabras come signos de ideas y de retenerlas en la memoria y la facultad de articular palabras. 'El lenguaje, la significación que no es mera señalización instintiva, como diría S. Palafox, es exclusivo del hombre".
El 21 febrero 1825, en un discurso ante la Real Academia de Medicina de Francia, demuestra que la pérdida del habla se asocia con una lesión del lóbulo frontal, al que llama "órgano legislativo del habla" y, entre otras conclusiones, dice lo siguiente: "En el hombre el cerebro juega un papel esencial en el mecanismo de un gran número de movimientos; dirige todos aquellos que están sujetos al control de la inteligencia y de la volición... La pérdida del habla depende de la pérdida de la memoria de palabras, de la pérdida de los movimientos musculares que componen el habla o de una lesión de la sustancia gris o de la sustancia blanca del lóbulo anterior"
Las opiniones defendidas por Bouillaud y su yerno Simón Alexandre Ernest Auburtin (1825-1893) encuentran un valioso apoyo en Fierre Paul Broca (1824-1880) quien, aun sin ser el primero que descubriera la afasia, sí lo es en la localización de los defectos del lenguaje. Afirma que el área del lenguaje hablado es el tercio posterior de la tercera circunvolución frontal, "un petit lobule triangulare au sommet inferieur", que llama "le cap de la 3me circonvolution frontale" y que aún hoy en día suele conocerse como "le cap de Broca". La describe con detenimiento en el límite anterior de la fisura silviana: muy consistente en el hombre, poco en primates y prácticamente rudimentaria en Pithecus.
Su lesión produce la "afemia, es decir, pérdida del habla", incapacidad de pronunciar palabras aunque la lengua no esté paralizada. En 1861 Trousseau lo denomina, con mayor éxito, afasia, y "el hecho más destacable es que en todos los pacientes la lesión estaba en el lado izquierdo. No me atrevo a sacar conclusiones de esto. Espero nuevos hechos". En 1898, Bastian explicará este "hecho extraño" con lo que vino a ser el primer enunciado del principio del predominio lateral cerebral: "Ahora está bastante generalmente aceptado que la causa inmediata o próxima se ha de encontrar en el hecho del uso predominante de la mano derecha, lo cual ocasiona una mayor actividad funcional sobre el hemisferio cerebral izquierdo".
Por último, en cuanto a su opinión general sobre la localización funcional, Broca opina que las grandes regiones cerebrales se relacionan con las grandes regiones de nuestra mente, que el análisis funcional debe preceder a su localización y que el tamaño y la forma cerebral están relacionados con el grado de inteligencia del individuo.
- La anatomía de las circunvoluciones cerebrales
Una de las estructuras macroscópicas que más tardan en examinarse cuidadosamente es precisamente las circunvoluciones cerebrales. La razón hay que encontrarla quizás en la tradicional aceptación del sistema ventricular como sede de la actividad cerebral. A las circunvoluciones no se les concede importancia funcional alguna: se limitan a ser un mero envoltorio que defiende los ventrículos del duro estuche craneal.
Es Gall quien estudia por primera vez las circunvoluciones cerebrales, haciendo anatomía comparada y sugiriendo mecanismos sobre su formación.
Luigi Rolando (1773-1831), que es uno de los precursores de los muchos estudios experimentales que el siglo XIX aporta a la localización cerebral, muestra de manera evidente que el cerebro no es una masa amorfa. Al describir las circunvoluciones cerebrales, dice que en el hombre, "pueden reducirse a contornos regulares y bien determinados", si bien insiste en la gran irregularidad que suelen presentar las tres circunvoluciones frontales.
Poco después, Francois Leuret (1797-1851), a través de la anatomía comparada, aporta nuevos datos de interés para un mejor conocimiento de las circunvoluciones humanas. Basándose en que "las circunvoluciones cerebrales de los mamíferos son siempre las mismas en cada animal" y siguiendo como criterio de diferenciación las variaciones conocidas entre las especies, afirma que "pueden clarificarse según la similaridad de sus circunvoluciones cerebrales", y distingue 14 especies de mamíferos, agrupados en orden ascendente de acuerdo con su grado de inteligencia, que reduce a tres, según las características de su superficie cerebral: 1) aquellos con superficie lisa y una mera indicación de la fisura silviana; 2) unos segundos en los que, aun sin circunvoluciones, aparecen impresiones encima de la fisura silviana; y 3) los que presentan varias circunvoluciones concéntricas encima y alrededor de dicha fisura.
A él debe la propuesta del término "fisura de Rolando", porque este anatónomo la descubrió en el hombre, en el que está aun más desarrollada que en el mono.
Su sucesor, Louis Fierre Gratiolet (1815-1865), contribuye aún en mucha más importancia al conocimiento de la anatomía de las circunvoluciones cerebrales, estudiando principalmente primates. Uno de sus mayores méritos - junto con sus descubrimientos sobre la corteza cerebral - es la aportación de una amplia y acertada nomenclatura anatómica - casi completa para circunvoluciones y fisuras - que se hace rápidamente popular por toda Europa. También le debemos el haber descrito los límites de cada lóbulo cerebral - acepta la división de Burdach en 5 lóbulos - y sus nombres, tomados del hueso que está encima de cada uno, vocabulario aun usado en nuestros días como áreas anatómicas convenientes.
Respecto al lóbulo frontal, Gratiolet lo divide en dos partes: la orbital, con sulci muy irregulares y la frontal en la que, a su vez, pueden distinguirse 3 "plis" o "étages": el inferior, o "pli surcilier", el medio y el superior, siendo éste último - según parece ser - el más importante: cuanto más circunvoluciones presente, mayor perfección significa.
Merece la pena notar un dato de interés para su aportación sobre el lóbulo frontal: la primera circunvolución ascendente (pre-cental), "que en todos los pitecántropos se origina encima del ángulo de la fisura de Silvio, en el hombre empieza aproximadamente 2 cm detrás. De donde se sigue que el borde posterior del lóbulo frontal retrocede a este lóbulo, se hace mayor empujando hacia detrás el lóbulo parietal". Y nos hemos detenido en este detalle, porque es precisamente uno de los puntos más importantes en que difiere de Gratiolet, William Turner, quien establece la fisura de Rolando como límite posterior del lóbulo frontal en un detallado estudio sobre cada una de las circunvoluciones cerebrales. También influye mucho su método de "facts without system", como lo denominó Wernicke en 1876: un enfoque pragmático y empírico de sus descripciones, sin intentar descubrir leyes fundamentales que gobiernan su desarrollo.
- Las aportaciones de Meynert
Theodor Meynert (1833-1892) (2) es uno de los investigadores que dan mayor Ímpetu a la localización anatómica del córtex, cuya estructura y conexiones estudia detenidamente, y su influjo se deja notar en personalidades tales como Flechsig, Wernicke, Forel y Freud. Es el primero en llamar la atención sobre las diferencias regionales del córtex, mostrando que existen cinco estratos horizontales de células nerviosas (uno de los estratos segundo y tercero de los seis descritos anteriormente por Jules Gabriel Francois Baillarger.
Según sus diferencias citoarquitectónicas, divide el cerebro en dos partes que denomina: neo-pallium - corteza no olfatoria que Brodmann llamará corteza homogenética, Vogt isocortex y Kolliker simplemente pa-llium - y archípallium - corteza olfatoria, heterogenética, allocortex y rinencefalo de los autores citados.
Plantea la posible asociación de la morfología celular con su función, antes de que Fritsch y Hitzig establezcan experimentalmente la localización cortical de funciones, y basándose principalmente en anatomía comparada, concluye que el lóbulo frontal representa el órgano para las funciones psíquicas, las más elevadas manifestaciones de la psíquis.
Como indicamos más arriba, a partir de Meynert aparecen numerosísimas investigaciones experimentales y observaciones clínicas que intentan reforzar su teoría.
- Los experimentos de Hitzig, Fritsch y Ferrier
Eduard Hitzig (1838-1907) y Gustav Theodor Fritsch (1838-1927), identifican el área motora del cerebro de perro y confirman en 1870 experimentalmente las conclusiones a las que había llegado John Hughlings Jackson (1835-1911) por observaciones clínicas y especulación racional: el estímulo eléctrico del cortex produce respuestas motoras (éstas son las de más fácil estudio)
En 1884 mantienen que las funciones psíquicas superiores tienen centros bien definidos, en concreto en el lóbulo frontal, al que llaman "órgano para pensamiento abstracto, para la inteligencia".
"Si la estimulación de ciertos puntos del córtex - argumentan - pone en acción ciertos músculos, y si la destrucción de estos mismos puntos desordena la inervación de los mismos músculos; si no obstante la estimulación y la destrucción de otros puntos no influye sobre la inervación muscular, tenemos una prueba suficiente para mostrar que las diferentes partes del cerebro tienen diferentes funciones". La extirpación de los lóbulos frontales a perros, no les paraliza ni pierden la sensación - el lóbulo frontal es absolutamente inexcitable -, pero les produce alteraciones muy graves en la memoria.
Así, pues, nuestros autores pasan de la localización de movimientos a la de funciones psíquicas: consideran que todas las funciones psíquicas tienen un substrato anatómico, complejo de órganos centrales y periféricos con significados diferentes.
Los resultados de Hitzig y Fritsch son diametralmente opuestos a la opinión científica de la mayoría de los neurofisiólogos de la época que siguen la postura de Flourens, en la que nos detendremos en su momento: Francois Magendre (1783-1855), I. van Deen (1804-1876), F.A. Longet (1811-1971), Eduard Friedrich Wilhelm Weber (1806-1871), E.W. von Brücke (1819-1892). Parecen darles la razón únicamente los ya antiguos trabajos de Rolando, y de ahí el que no tengan una aceptación inmediata. Hay que esperar a David Ferrier (1843-1928) para confirmar sus opiniones y fundamentarlas en bases experimentalmente seguras.
Tras hacer un mapa de todo el córtex del mono, define el área motora y ciertas áreas sensoriales y concluye que "no hay razón para suponer que una parte del cerebro sea excitable y otra no; el problema es cómo se manifiesta el propio estímulo" y que "hay ciertas regiones en la corteza a las que puede asignarse funciones definidas; y que los fenómenos de lesiones corticales variarán según su localización y también según su carácter.
Hechos fisiológicos y patológicos - monos que tras la ablación del lóbulo frontal pierden súbitamente la facultad de una observación atenta e inteligente - le llevan a localizar precisamente en el lóbulo frontal la capacidad de atención y el poder de moderación de las tendencias y de los impulsos físicos y motores. La atención se basaría en una actividad específica de los centros motores inhibidores, por la cual toda representación de un elemento motor origina una representación de movimiento, cuya ejecución, no obstante, puede paralizarse. Así pues, los centros inhibidores, principalmente autores de la concentración de la atención, formarían la fundamental base orgánica de las funciones intelectuales superiores. Los hombres más inteligentes tienen más desarrollado el lóbulo frontal mientras que los idiotas, con muy débil poder de atención, lo tienen poco desarrollado; más aún, las enfermedades de esta zona cerebral acarrean una degradación psíquica. Está de acuerdo con aquellos investigadores que localizan en el lóbulo frontal la facultad de reflexión, y admite que esto puede ser índice de una cierta fuerza de concentración de espíritu y de inteligencia en las direcciones más diversas.
No obstante, Ferrier no localiza el poder psíquico en una zona cerebral determinada. Le parece absurdo querer adscribir la inteligencia a un lugar especial, cuando no tiene sede absoluta distinta. Más bien defiende que las alteraciones consecutivas a la lesión del lóbulo frontal deben adscribirse a la pérdida de una función elemental, que sería la inhibición del movimiento. En la lucha entre instinto y voluntad vencería uno u otro, según el desarrollo de los centros moderadores y de la educación de cada hombre, como ya había apuntado Meynert. Esta facultad moderadora seria el elemento fundamental de la concentración atenta de la conciencia y del control de la voluntad.
- El centro de la percepción: Wundt
W. Wundt (1832-1920) eminente psicofisiólogo, aporta una teoría de gran interés: el lóbulo frontal es el centro de la percepción. Parte del hecho de que su alteración no produce efectos sensitivos ni motores, pero sí defectos duraderos en la actividad psíquica. Esta observación le sugiere la existencia en el lóbulo frontal de elementos que representen hechos intermedios indispensables en los procesos psicológicos que acompañan a las funciones intelectuales y cuya misión dependerá de su unión con otros elementos centrales. Probablemente las regiones frontales aportan los factores fisiológicos que acompañan a la percepción de las representaciones sensitivas.
Wundt supone que las impresiones sensitivas al llegar a los centros sensoriales del cerebro son simplemente percibidas. Para que después se comprendan por medio de la atención o de la apercepción se necesita estimular los elementos de la región frontal. Es así que la voluntad en el fondo no se da, según Wundt, sino unida a la apercepción, la destrucción del lóbulo frontal llevaría consigo la destrucción de ambas facultades.
Conviene hacer notar, no obstante, que en esta noción de apercepción, Wundt reúne procesos tan heterogéneos que fisiólogos como Munk o psicólogos como Muenster-berg (1863-1916) no han llegado a comprender esta hipótesis. También contrasta esta teoría con la de Ferrier, en cuanto que la base fisiológica del poder de la atención no la pone en una inhibición del movimiento, sino en una corriente estimulante que debe ser su propia existencia a la actividad de los elementos del lóbulo frontal.
- Bianchi y el lóbulo frontal
La persona que contribuye en mayor medida al conocimiento de las funciones del lóbulo frontal en la época que estamos describiendo es sin duda alguna Leonardo Bianchi (1848-1927), quien confirma su inexcitabilidad, que habían apuntado Hitzig y Ferrier, y toma una clara postura ante las, al menos, tres teorías que existen hacia 1895 sobre la función del lóbulo frontal. Para Ferrier, éste es el centro motor para los movimientos oculares contralaterales y para la atención; para Munk, el centro motor de la musculatura del dorso; para Wundt y Hitzig, por último, el centro de los procesos intelectuales superiores.
"Los primeros experimentos que hice en perros me permitieron expresar... que era posible concluir que las mutilaciones unílaterales del lóbulo frontal... no se seguían de ningún síntoma notable; y que las mutilaciones bilaterales en perros habían producido un claro cambio de carácter.
En la ablación del lóbulo frontal en monos, junto a alteraciones psíquicas tales como pérdida de la crítica, de la reflexión, apatía y pobreza psíquica e intranquilidad motora sin objetivo alguno apenas encuentra sino ligeras alteraciones motores transitorias - movimiento de rotación de la
columna vertebral con parálisis de la extremidad anterior opuesta en los movimientos finos y algunas alteraciones visuales. Pero estos datos que se observan, no pueden deberse a lesiones de deficiencia de los movimientos de la cabeza y de los ojos, como defendía Ferrier, ni a una parálisis de los músculos del tronco, como argumentaba Munk, ni a una pérdida de las percepciones más elementales. Se trata de una disgregación de la personalidad psíquica.
El lóbulo frontal es un centro en el que se funden fisiológicamente todos los elementos sensitivos y motores que constituyen la personalidad psíquica. Su principal misión es la síntesis psíquica de la personalidad y del discernimiento. Y su enfermedad hace que el hombre pierde la propiedad de concebir operaciones mentales superiores, sin que se resientan sus funciones sensitivas ni motoras; su extirpación lleva a la disgregación de la personalidad y de la síntesis mental.
En una palabra, el lóbulo frontal es el "órgano de la inteligencia" y coordina los efectos de los demás centros corticales, regulando la actividad de las neuronas sensitivas y motoras, según los estados afectivos que acompañan las diversas percepciones e imágenes de las que resulta el tronco psíquico del individuo. Representa, por tanto, el elemento nervioso de mayor dignidad, pues es "el órgano del bien y del justo reencontrarse del individuo en el ambiente social y cósmico".
Pero, aunque reserva al área frontal un lugar preeminente - el eje central con función de asociar y combinar productos intelectuales - insiste en que para la inteligencia es esencial la actividad de toda la corteza.
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