Este principio resulta totalmente indispensable si queremos conseguir que nuestra relación se mantenga saludable, evitando así que las discusiones amargas sean algo cotidiano en nuestra relación.
Lógicamente en muchas ocasiones nuestros puntos de vista ante un problema no coincidirán, sin embargo lo que debemos hacer es respetar su punto de vista, en ningún caso ignorar o invalidar directamente su opinión.
Se podría decir que incluso en algunos momentos llegamos a hablar "idiomas" totalmente diferentes ¿Pero quién ha dicho que esto deba convertirse en un problema sin solución?
Hay que intentar apartar de nuestra forma de reaccionar esas formas y tonos a la defensiva, para ello hay que intentar crearse una imagen lo más positiva posible de nuestra pareja (siempre dentro de una realidad, sin idealizarla, pero tampoco condenándola desde un principio).
Para ello nunca deberíamos abandonar esas alabanzas y admiraciones que uno se hace al principio de la relación, pero que luego se tienden a abandonar.
A todos nos gusta escuchar de boca de nuestra pareja un "que guap@ estas hoy" , " que buena estaba la comida de hoy" o simplemente una invitación para dar un paseo en pareja compartiendo intimidades.
Son frases que a simple vista no resultan muy relevantes pero que en fondo todos agradecemos.
También es cierto que en muchos aspectos difiere mucho la forma que tienen las mujeres de ver una relación de la que tienen los hombres. Para una mujer la intimidad es algo indispensable para que la relación funcione.
Para los hombres sin embargo, con el simple hecho de pasar cierto tiempo juntos, ya sea compartiendo una actividad extralaboral o una cerveza en compañía de amigos, ya forma parte de lo que ellos consideran intimidad.
Por lo tanto en su caso lo que deben buscar es que esos diálogos emocionales se lleven a cabo sin ningún problema.
Por incómodo que nos resulte este tipo de actitudes son las que ayudan a que una relación se mantenga sana. Lo que no se puede consentir es hacer oídos sordos ante una evidencia y no afrontar el problema o el conflicto de frente.
Lo más conveniente es mostrarse flexible con la otra persona y tratar de comprender lo que realmente nos quiere decir.
En contra de un diálogo fluido está cualquier tipo de actitud que nos lleve a alejarnos de la interacción con nuestro interlocutor, ya sea con una actitud marcadamente a la defensiva o comportamiento terco que haga imposible la comunicación entre ambas partes.
La quizá complicada tarea que hay que conseguir es que se llegue a un entendimiento en el que ambos aspectos queden compensados.
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