Estar enfermo es un estado temido y odiado, ¿a quién le gusta que sus fuerzas flaqueen, tener que dejar de hacer las cosas de todos los días, visitar médicos y que nos hagan estudios? Al hablar de enfermedad me refiero tanto a un resfriado fuerte, de ésos que te dejan unos días obnubilado y que te hacen utilizar decenas de pañuelos de papel, como a aquellas dolencias que implican visitas sucesivas a doctores, tratamientos varios, reposo parcial o total, meses de ejercitar la paciencia y resultados que a veces se catalogan de inciertos.
Aunque en algunos momentos te embargue la tristeza y no veas la luz al final del túnel, ten en cuenta que a todos, en algún momento de la vida, nos ha tocado pasar por esa situación en alguna oportunidad. Con indisposiciones de distinta índole y duración, o inconvenientes considerados más serios. Creo que lo llaman “ley de la vida”, si existe la salud, también existe y se manifiesta su polo opuesto.
Lo primero que me parece necesario es que tengas en claro cuál es tu creencia con respecto a esa enfermedad. ¿Piensas que durará el tiempo que te han pronosticado o existe la posibilidad que sea menor? ¿Confías en que puedes lograr la curación total, más allá de lo que los médicos y las estadísticas digan? Para comenzar a transitar el camino que te presento en este artículo resulta indispensable que medites acerca de estos puntos. Si la respuesta es positiva, ya vas dando un paso adelante hacia la curación. Si no estás seguro, o tienes dudas, trata de rever tus creencias ya que pueden limitarte o condicionarte al momento de buscar la curación total.
Mientras esperamos que los tratamientos surjan el efecto deseado, y que el tiempo sea tu aliado en la franca recuperación que se avecina, te propongo un ejercicio que te ayudará a pasar este trance que estás viviendo de manera más relajada y positiva. Lo llamaré “Recuerdos del futuro”:
En este momento, así sentado cómodamente como estás, recuerda un momento de tu vida en el que hayas estado sano o sana. Te sentías bien, todo tu cuerpo funcionaba armónicamente. Eras feliz. ¿Cómo te veías? ¿Cuántos años tenías? ¿Qué sentías? ¿Cuáles eran tus ideales, tus sueños? ¿Qué te hacía feliz? Mira y siente la imagen con claridad. ¿Practicabas algún deporte, corrías, jugabas? ¿Cantabas o solías decir algo en especial? Amplía la imagen mientras la sigues disfrutando.
Ten por seguro que si tú recuerdas nítidamente esta imagen de ti mismo, tu mente y tu cuerpo también la recuerdan con nitidez. Es completamente posible que vuelvas a sentirte así. Quédate un rato más disfrutando de esta imagen tuya, revívela todo el tiempo que lo desees, y siente cómo te embarga una sensación de paz, confianza y emociones agradables. Sabes que esto fue posible para ti, por lo tanto es bien factible que vuelvas a sentirte así, ya que tienes dentro de ti esa capacidad.
Te propongo que todas las noches, al acostarte, antes de dormir, rememores esta imagen tuya en la que estabas completamente sano, feliz, y la recuerdes por unos instantes. Vete a dormir con esta imagen tuya todas las noches, tanto las que estés confiado y tranquilo como aquéllas en las que no te sientas de este modo. Este ejercicio sólo te llevará un minuto o dos por día, y obrará milagros en lo que respecta a tu curación.
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