Milton era un gran contador de cuentos. Los cuentos y leyendas, las fábulas, las parábolas, los mitos populares y los cuentos de hadas han sido utilizados por todas las civilizaciones humanas, con el fin de transmitir de forma inconsciente enseñanzas y valores morales y Milton supo utilizarlos de forma genial con fines terapéuticos. Para Milton, la mayor parte de las cosas que hace un ser humano están determinadas de forma inconsciente, pero, mientras para el psicoanálisis, el inconsciente es muy difícil de cambiar, para Milton es sumamente fácil si lo hacemos a través de un trance, de un estado alterado de conciencia. La mente inconsciente es para Milton el mejor amigo de cada individuo.
Para Milton, la psicoterapia consiste justamente en influir en la otra persona a través de su mente inconsciente, ofrecerle recursos y darle oportunidades de cambio. Es en el estado de trance en el que más oportunidades existen de que se produzca un aprendizaje y, como consecuencia, la opción de cambio. En estado de trance, las personas son capaces de dar significado a los cuentos y símbolos, según lo que Milton denominaba "aprendizaje inconsciente".
Jeffrey Zeig indicó la bondad del empleo de anécdotas en la terapia ya que las anécdotas no conllevan una amenaza, captan el interés de la persona, fomentan la independencia del individuo (puesto que tiene que darle un sentido al mensaje y, como consecuencia, tiene que extraer sus propias conclusiones), pueden ser usadas para controlar cualquier resistencia al cambio, son un modelo de flexibilidad, crean confusión de trance, y, por último, dejan una huella en la memoria.
Ernest Rossi estudió las inducciones hipnóticas de Milton y las dividió en cinco etapas: fijación de la atención, despotenciación de los marcos de referencia y sistemas de creencias habituales, búsqueda inconsciente, proceso inconsciente y respuesta hipnótica. Como dice el mismo Milton, "primero debes ofrecer un modelo acorde al mundo del paciente. Luego debes ofrecer como modelo un rol acorde a ese mundo".
Hay un cuento de Milton especialmente interesante, aquel en el que narra la necesidad de saber detenerse y ajustarse al propio ritmo de cada uno: "Una madre vino a verme con su hija de once años. Tan pronto escuché que se orinaba en la cama, le pedí a la madre que saliera del consultorio, convencido de que la niña sabría contarme su propia historia. La niña me dijo que de chiquita había tenido una infección en la vejiga, había sido tratada por un urólogo, y la infección persistió durante cinco o seis años, tal vez más. Periódicamente la sometían a cistoscopias, le practicaron centenares de cistoscopias, hasta que al fin encontraron el foco infeccioso en un riñón. Le extirparon el riñón y estuvo libre de infecciones por cuatro años, más o menos. Le habían hecho tantos centenares de cistoscopias, y su vejiga y esfínter estaban tan dilatados, que se mojaba todas las noches tan pronto relajaba la vejiga al dormirse. Durante el día podía con esfuerzo controlar la vejiga, a menos que soltara una carcajada. La relajación que acompaña la risa la hacía mojarse la bombacha. Como le habían extirpado el riñ6n y estuvo libre de infecciones durante varios años, sus padres pensaban que ella debía aprender a autocontrolarse. Tenía tres hermanitas menores que le ponían apodos y se mofaban de ella. Todas las madres de sus compañeras sabían que ella mojaba la cama, y todos sus compañeros de escuela, dos o tres mil compañeros, sabían que ella mojaba la cama y se orinaba encima cuando se reía. Así que era objeto de muchas burlas.
Era una niña muy alta y bonita, rubia, con largos cabellos que le llegaban hasta la cintura. Era realmente una niña encantadora. Se burlaban y apartaban de ella, le exigían más de lo que podía dar. Tenía que soportar la compasión de los vecinos y las mofas de sus hermanas y de sus compañeros. No podía asistir a fiestas nocturnas ni pasar la noche en casa de sus parientes porque mojaba la cama.
Le pregunté si la habían llevado a ver a otros médicos. Me contestó que había visto a un montón, había tragado una tonelada de píldoras y de jarabes, y nada de eso la ayudó. Le dije que yo era igual que todos los demás médicos, que tampoco podía ayudarla. "Pero, agregué, tú sabes algo, aunque no sabes que lo sabes. No bien descubras qué es eso que ya sabes y no sabes que lo sabes, podrás despertarte con la cama seca.
Luego añadí: "Voy a hacerte una pregunta muy simple y quiero una respuesta muy simple. Esta es la pregunta: si tú estuvieras sentada en el baño, orinando, y un hombre desconocido asomara la cabeza por la- puerta, ¿qué harías?"
" ¡Me paralizaría!", respondió.
"Exacto. Te paralizarías, y pararías de orinar. Ahora sabes lo que ya sabías, pero no sabías que ya lo sabías. 0 sea, que puedes parar de orinar en cualquier momento, ante cualquier estímulo que a ti se te antoje. En realidad no necesitas que un desconocido asome la cabeza por la puerta del baño: basta con la idea de que eso ocurra. Te pararías, te paralizarías, y empezarías a orinar cuando él se fuera." Bien. Mantener la cama seca es una ardua tarea. Tal vez lo consigas por primera vez dentro de dos semanas. Pero tendrás que practicar mucho, empezar a orinar y detenerte. Tal vez algunos días te olvides de practicar a empezar y detenerte. No importa. Tu cuerpo será bueno contigo, siempre te dará nuevas oportunidades. Y algunos días tal vez estés demasiado ocupada como para practicar ese empezar y detenerse, pero no importa. Tu cuerpo te dará siempre nuevas oportunidades de empezar y detenerte. Me sorprendería muchísimo que dentro de tres meses pudieras ya mantener permanentemente la cama seca. También me sorprendería que no pudieras mantener permanentemente la cama seca dentro de seis meses. Y será mucho más fácil lograrlo una vez, que lograrlo dos veces seguidas. Y mucho más difícil todavía lograr tres camas secas seguidas. Y más difícil todavía lograr cuatro camas secas seguidas. A partir de allí, se, vuelve más sencillo. Podrás tener cinco días, seis, siete, una semana entera de camas secas. Y luego llegarás a saber que puedes tener una semana entera de camas secas seguida de otra semana entera de camas secas."
Me tomé mi tiempo con la niña. No tenía otra cosa que hacer. Pasé con ella una hora y media y luego nos despedimos. Unas dos semanas más tarde me trajo este regalo (una vaquita tejida de color púrpura), el primer regalo que jamás había hecho. sabiendo que era capaz de mantener la cama seca. Valoro este regalo. Y seis meses después se quedaba a pasar la noche en la casa de parientes, amigos, en fiestas nocturnas, en un hotel. Porque es el paciente el que hace la terapia. No me pareció que la familia de esta niña necesitara terapia, por más que los padres estaban impacientes, las hermanas le ponían apodos, los compañeros se burlaban de ella. Mi sensación era que los padres tendrían que amoldarse a sus camas secas, y lo mismo sus hermanas, los compañeros y... los vecinos. En verdad, no se me ocurría que hubiera alguna otra manera de proceder con ellos. No creí necesario explicarle nada al padre, la madre, las hermanas o cualquier otra persona. Ya le había dicho a la niña lo que ella sabía pero no sabía que lo sabía.
Y todos ustedes fueron criados con la idea de que cuando vacían la vejiga, la vacían del todo. Y presuponen eso. Lo importante es que todos han tenido la experiencia de que se los interrumpiera y tuvieron que cortar súbitamente el chorro de orina. Todo el mundo ha tenido esa experiencia... y se ha olvidado de ella. Yo no hice otra cosa que recordarle a esa niña lo que ya sabía pero no sabía que lo sabía. En otras palabras, al hacer terapia ustedes consideran a cada uno de sus pacientes como un individuo, y poco importa qué problema represente su enuresis para los padres, las hermanas, los compañeros y los vecinos: es fundamentalmente un problema de la niña. Todo cuanto ella necesitaba saber era algo que ya sabía... y en cuanto a los demás, la terapia consistía en dejar que cada uno se amoldara a su manera.
La psicoterapia debe orientarse al paciente y al problema primordial en sí mismo. Y recuerden esto: cada uno de nosotros tiene su propio lenguaje. Cuando escuchen a un paciente,, deben hacerlo a sabiendas de que está hablando un lenguaje ajeno, y no tratar de comprenderlo en términos del lenguaje de cada uno de ustedes. Deben comprender al paciente en su propio lenguaje"(A Teaching Seminar with M.H. Erickson)
Este cuento de Milton de las camas secas tiene multitud de aplicaciones: puedo controlar mis pensamientos, mis conductas, mis energías, mis hábitos, la ansiedad, sólo tengo que descubrir dentro de mi cuáles son los estímulos que me ayudan a empezar y detenerme. Puedo empezar algo y terminarlo antes de acabarlo del todo, puedo tomarme las cosas con más calma.
|