Mente y cerebro

Por W. Penfield

Los daños al cerebro son causados frecuentemente por falta de oxígeno. Breves períodos de un suministro de oxígeno reducido durante el nacimiento pueden dar lugar a desórdenes del lenguaje como la dislexia o la tartamudez. Pueden también ser causa de que el individuo sea zurdo. La incidencia de zurdos entre las personas con daños en el cerebro es desproporcionadamente elevada. Un psicólogo canadiense expone la hipótesis de que los desórdenes del lenguaje y el que el individuo sea zurdo son ambos causados por ligeros daños en el lado izquierdo del cerebro, que controla tanto las funciones del lenguaje como el lado derecho de! cuerpo, incluyendo la mano derecha, normalmente dominante.

Los científicos dedicados al estudio del cerebro estamos unidos en una causa común, y el deber principal de cada uno de nosotros es facilitar un relato de nuestras propias e intrigantes expediciones dentro de este terreno, todavía desconocido. A través de mi propia carrera científica, al igual que otros científicos, me he esforzado por demostrar que el cerebro explica la mente. Pero ahora ha llegado quizás el momento en que podamos examinar con provecho las pruebas existentes y hacernos la pregunta: ¿Explican los mecanismos del cerebro la mente? ¿Puede explicarse la mente por lo que ahora sabemos sobre el cerebro?

E! gran psicólogo William James considera la dificultad de exponer la relación entre la mente y el cerebro como «el último de los últimos problemas». Sir Charles Sherrington, que recibió el Premio Nobel en 1932 por sus estudios de los reflejos, pasó en los últimos años de los experimentos con animales a una consideración erudita y filosófica del cerebro y la mente del hombre. Al final solamente podía decir que «tenemos que considerar la relación de la mente con el cerebro como algo que, no solamente no ha sido aclarado, sino que todavía carece de base incluso para sus inicios». En 1947 escribió un prólogo a una nueva edición de su libro La acción integradora del sistema nervioso, en cuyo último párrafo exponía sus conclusiones: «El que nuestro ser deba consistir de dos elementos fundamentales (cerebro y mente) supongo que no ofrece una mayor probabilidad inherente que la teoría de que deba basarse solamente en uno.»

En los años desde que Sherrington escribió estas palabras, hemos aprendido mucho sobre el hombre y resulta interesante estimar, como lo hago yo, que ha llegado el momento de examinar sus dos hipótesis, sus dos «improbabilidades». O bien la acción del cerebro explica la mente o tenemos que hablar de dos elementos.

Antes de exponer mi propia conclusión, déjenme que les hable de una experiencia que contribuirá a ilustrar la distinción. Me encontraba con un paciente epiléptico, un hombre de gran inteligencia, y había dejado al descubierto una parte del lado izquierdo de su cerebro. Sabemos que una débil corriente eléctrica interfiere en el mecanismo de la palabra. Uno toca la corteza con un electrodo estimulante y, como el propio cerebro no siente ninguna sensación, el paciente no se da cuenta de que esto le ha convertido en afásico hasta que intenta hablar o comprender la palabra y se encuentra incapaz de hacerlo. Uno de mis socios comenzó a mostrar al paciente una serie de imágenes, mientras yo cambiaba la posición del electrodo. El paciente citaba, al principio, cada una de las imágenes con exactitud. Un momento antes de que le fuera mostrada la imagen de una mariposa, apliqué el electrodo al lugar en el que suponía que se encontraba la corteza de la palabra. Permaneció algún tiempo silencioso. Luego hizo chasquear sus dedos como exasperados. Retiré el electrodo y habló al punto.

—Ahora puedo hablar —dijo—. Mariposa. No podía encontrar la palabra mariposa, por lo que intenté pronunciar la palabra polilla.

Esa sencilla afirmación del paciente me sorprendió. Estaba intentando utilizar alternativamente y a voluntad dos mecanismos del cerebro.

Es claro que mientras el mecanismo de la palabra se veía temporalmente bloqueado, podía percibir el significado no verbal de la imagen de una mariposa. Hizo un esfuerzo consciente para «encontrar» la palabra correspondiente. Luego, sin comprender por qué no podía hacerlo, volvió una segunda vez al mecanismo interpretativo de la corteza, que estaba alejado del efecto de interferencia de la corriente eléctrica, y encontró una segunda idea no verbal que consideró la más aproximada a una mariposa. Pero la palabra polilla no se presentó en el torrente de la consciencia como esperaba. Permaneció silencioso y luego demostró su exasperación haciendo chasquear los dedos de su mano. Podía hacer esto sin utilizar el mecanismo especial de la palabra. Finalmente, cuando retiré el electrodo que interfería la corteza, explicó toda la experiencia con una sensación de alivio, utilizando palabras apropiadas para explicar sus ideas. Conseguía él las palabras del mecanismo del lenguaje cuando presentaba a éste ideas. Podemos sustituir la palabra él por la palabra mente en esta introspección. Su acción no es automática.

El hecho es que alguna agencia dirigía este proceso y se consumía alguna energía. Por mi parte, tras años de esforzarme por explicar la mente sobre la base solamente de la acción del cerebro, he llegado a la conclusión de que es más sencillo (y más fácil para ser lógicos) si uno adopta la hipótesis de que nuestro ser consta de dos elementos fundamentales. Sí eso es cierto, podría ser también cierto que la energía requerida llega a la mente, cuando estamos despiertos, a través del mecanismo más elevado del cerebro.

Como me parece cierto que será siempre enteramente imposible explicar la mente sobre la base de la acción de las neuronas dentro del cerebro y como me parece que la mente se desarrolla y madura independientemente durante la vida de un individuo, como si fuera un elemento continuo, y dado que un ordenador (y eso es el cerebro) ha de ser programado y operado por una agencia capaz de comprender independientemente, me veo obligado a elegir la proposición de que nuestro ser ha de explicarse sobre la base de dos elementos fundamentales. Esto, en mi opinión, ofrece las mayores probabilidades de llevarnos al entendimiento final por el que se esfuerzan tantos sabios decididos.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.

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