Cazador herido

Metáforas

Un cazador se había pasado el día entero acechando presas en la selva de forma infructuosa. Se sentía frustrado por su mala suerte y le avergonzaba regresar a su pueblo con las manos vacías. Entonces llegó a un claro; en un extremo del mismo divisó un jabalí que tenía una pata rota. “Por fin”, pensó el cazador, “un blanco fácil”. Pero algo le hizo dudar. Por una parte, le complacía la perspectiva de una pieza tan fácil. Seguro que en el pueblo sería bien recibido si llevaba tan preciado trofeo. Pero por otra parte, sentía lástima por el jabalí.

Mientras se debatía en la duda en aquel paraje de la selva, una leona apareció en el claro. Al principio pensó que también estaba acechando al jabalí. De nuevo se sintió dubitativo. ¿Podría la leona oler su presencia y atacarlo? Podía dispararle pero, ¿qué sucedería si erraba el tiro o si únicamente la hería? ¿Sería entonces más vulnerable a su ataque? Tal vez podía permanecer quieto y esperar que la leona centrara su atención en el jabalí, pensó el cazador.

Mientras observaba en silencio, se dio cuenta que la leona llevaba una presa muerta en sus fauces. Lo que sucedió a continuación dejo atónito al cazador. La leona arrojó su pieza frente al jabalí se puso a devorar las entrañas y le acercó el resto de la carne al jabalí herido. Cuando éste empezó a comer, la leona prosiguió silenciosamente su camino.

El cazador, fascinado por esta muestra de generosidad, no pudo matar el jabalí y regresó a su pueblo con las manos vacías. Al día siguiente su curiosidad lo guió nuevamente al claro. Allí fue testigo de nuevo de los increíbles cuidados de la leona, que continuaba llevándole alimento al jabalí enfermo.

Llegó a la conclusión de que la naturaleza cuida de sí misma. ¿Por qué tenía que trabajar tan duramente para conseguir alimentos para él y para su clan familiar? El universo siempre abastece a quienes lo necesitan. Así pues, tomó como modelo a la criatura que podía haber sido su presa.

El cazador se sentó en la soledad de aquel claro. Los días transcurrían y nada pasaba. Ni leonas, ni ninguna otra criatura acudía a traerle el sustento. Cada vez estaba más hambriento, pero aún así continuaba esperando, con la firme convicción de que el universo le proveería de lo necesario, al igual que había hecho con el jabalí.

Cuanto más tiempo pasaba, más débil se sentía; hasta que finalmente quedó tan debilitado que no era capaz ni de moverse. Estando ya próximo a la muerte, oyó un ruido y pensó que su salvación por fin había llegado. En el claro apareció cojeando un jabalí. El cazador se dio cuenta que era el mismo animal que la leona había estado alimentando.

«¿Qué estás haciendo sentado aquí en un estado tan débil y famélico?», le preguntó el jabalí.

El cazador le contestó: «Vi cómo la leona te traía comida cuando estabas débil y enfermo. Y como tú, estoy esperando que el universo me abastezca.»

«Tú estás loco», dijo el jabalí estallando en carcajadas. «Has escogido un modelo equivocado, al tratar de imitar a un enfermo. No esperes que el mundo venga en tu ayuda. Si quieres un modelo mejor, debes imitar a la leona.»

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.

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