El amor es ciego
0Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, la LOCURA, como siempre tan loca, les propuso:
Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, la LOCURA, como siempre tan loca, les propuso:
Érase un hombre con un ombligo de oro que le ocasionaba constantes apuros, porque siempre que se bañaba era objeto de todo tipo de bromas.
Había una vez un osezno que vivía en el polo y que un día le preguntó a su madre:
Un Califa de Bagdad llamado Al-Mamun poseía un hermoso caballo árabe del que estaba encaprichado el jefe de una tribu, llamado Omah, que le ofreció un gran número de camellos a cambio; pero Al-Mamun no quería desprenderse del animal. Aquello encolerizó a Omah de tal manera que decidió hacerse con el caballo fraudulentamente.
Un carpintero había pasado toda su vida construyendo una casa tras otra. Siempre había sido un empleado leal y fiel, y durante toda su vida laboral había permanecido junto a su jefe, pero ahora era viejo y estaba cansado. Quería pasar los años que le restaban de vida cerca de su esposa, sus hijos y sus nietos.
En una ocasión, una joven mujer acudió a un sabio y famoso médico para ver si podía ser su discípula. Quería aprender, en especial sobre la ciencia de la medicina. Deseaba ayudar a los demás y aliviar su sufrimiento.
Toby era un camaleón que tenía un problema. Constantemente cambiaba de idea. En primer lugar, por la mañana no conseguía ordenar su cabeza y tener la decisión suficiente para levantarse de la cama.
Era un matrimonio que discutía constantemente. En los muchos años que llevaban casados no recordaban una sola cosa en la hubieran estado de acuerdo. Después de décadas de práctica, la más leve y nimia circunstancia era motivo suficiente para enzarzarse en una pelea.
Una mujer falleció, y en su viaje hacia la otra vida se encontró a sí misma de pie en una sala de banquetes extremadamente cuidada. Las paredes estaban recubiertas con las maderas más caras, de los altos techos colgaban arañas de luces de cristal y los lienzos de todos los grandes maestros de la pintura adornaban la estancia.
Un profesor universitario y su mujer decidieron que harían un crucero al Caribe (sus vacaciones soñadas) después de jubilarse.
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