Más vale una bofetada a tiempo que…

Foto: Levin(LCC)

Por Peter Stern

Muchos padres suelen sostener la máxima de que “más vale una bofetada a tiempo …” para corregir cualquier actitud errónea en el niño. En realidad cualquier padre que ha dado esa bofetada reconoce que esa bofetada ha respondido más a un desahogo por su parte que a un fin puramente pedagógico y que en muchos casos si hubiera podido dar marcha atrás en esa respuesta lo hubiera hecho.

Todos sabemos que como padres y educadores debemos encontrar respuestas pedagógicas más acordes con nuestra propia humanidad, fundados en el respeto y la dignidad de las personas.

En la mayoría de los casos la violencia no hace sino empeorar las cosas, acrecentar el miedo la inseguridad y las disputas que pretenden frenar. Un niño acostumbrado a recibir agresiones físicas por parte de sus educadores o de sus padres tenderá a replegarse y a acumular rencor y rabia.

Es cierto que los niños suelen poner a prueba los nervios de los mayores y que hay un momento que los padres pueden sentirse al borde de la exasperación. En esos momentos el castigo físico puede ser la vía de escape para los nervios de los adultos.

Más tarde justificarán ese castigo diciendo que los castigos físicos “moderados” son incluso aconsejables para una buena educación.

Pensemos que los niños no dejan de ser personas… como nosotros y los efectos que podrían causarnos en nosotros los adultos un castigo físico “moderado” por parte de nuestro jefe o del policía municipal de turno. Imaginemos que sentiríamos y nuestra reacción que recibiéramos una bofetada por hacer algo mala en nuestro trabajo o por saltarnos una señal de tráfico.

Cualquier tipo de castigo físico puede provocar en el niño una impotencia y una humillación difíciles de olvidar y que marcará su personalidad en el futuro.

Además el castigo físico suele tener la característica de que cada vez necesita mayor “dosis” para resultar efectiva. Al principio puede bastar una bofetada para controlar una situación, más tarde serán dos…

Todos, niños y adultos, actuamos siguiendo unas motivaciones. Los niños hacen cosas que los adultos podemos considerar como incorrectas, pero la mayoría de las veces no indagamos en la causa de esa acción y nos limitamos a intentar reprimirla.

El castigo no ayuda a que el niño comprenda el problema y lo único que genera es mayor rebeldía, inseguridad y sentimiento de sentirse incomprendido.

El castigo es un recurso fácil y muy extendido en todos los ámbitos de la sociedad. Se utiliza en el seno de la familia y en el colegio con los niños. También lo utiliza la sociedad aplicándolo a los delincuentes con el resultado ya conocido por todos, porque la finalidad del castigo no es la educación o ayudar a las personas a que reflexionen sobre lo incorrecto de su conducta sino a generar dolor y miedo para que el castigado no vuelva a incurrir en la misma falta.

Además el castigo genera un sentimiento de culpa que se va traduciendo en odio hacia la persona que se los inflinge. Además también generan un sentimiento de culpa en el “castigador” que de alguna manera tratará de compensar el daño producido.

El niño intenta, por naturaleza, complacer a sus padres, ganar su reconocimiento y los castigos lo único que hacen es alejarle de sus objetivos porque le demuestran lo decepcionados que los adultos se sienten con él.

La capacidad del ser humano para aprender comportamientos y hacerlos suyos se pone de manifiesto también en este caso ya que es fácil de comprobar cómo aquellos niños que han sido castigados físicamente se convertirán en el futuro en adultos castigadores, que reproducirán el modelo de conducta que han aprendido.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.

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3 Comentarios

  • Cierto mi madrastra y mi padrastro me correjian a punta cachetadas y bofetadas cada vez que le alzo la voz y les falto al respeto

  • Después de tantos estudios y recomendaciones sobre el castigo,tantas sesudas conclusiones he llegado a las siguientes conclusiones:
    1.- todas las generaciones de nuestros mayores están traumatizadas pues el castigo físico era una norma común
    2.-Ellos y también nosotros,los abuelos de ahora, no hemos aprendido nada porque nos lo enseñaron a golpe de bofetadas, y ademas somos una generación de traumatizados.

    ¡¡¡¡VENGA YA¡¡¡ no saquemos las cosas de quicio y menos lobos caperucita

  • a mi tambien me han educado a bofetones y ademas por cosas muy tontas y he de decir que eso me ha echo SUPER INFELIZ y a echo que odie a mis padres por que merecia un mejor trato y por eso estoy totalmente en contra de educar de ese modo y quien lo aga asi esta muy equibocado y esta aciendolo fatal, ESO ES MALTRATAR, a no ser que se aga con un matratador (para que sepa que eso no da gusto)

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