Caso Cecilia: un canto de Esquizofrenia

amanecerPor Jorge Vallejos

¿Por qué la elaboración de este artículo?, ¿para qué dar a conocer su contenido?, ¿por qué debiera ser leído?, ¿cómo decidí ponerlo en comunión con el mundo subjetivo de tantas y distintas personas?… Sólo puedo responder las interrogantes con una creencia; un pititi principi singular: el “caso Cecilia: un canto de esquizofrenia”, es un canto a la esperanza de la alegría.

Una experiencia de vida, surgida en el seno de la más repugnante acusación cultural de la historia, la locura; metamorfoseándose en una grandiosa lección de coraje y alegría. Un aprendizaje muy necesario en el mundo actual, donde el coraje se envuelve con nombres de pastillas y la alegría cada vez más se comercia en mercados de fugaces y espurios momentos de euforia.

Muchos de los que soñamos alguna vez ofrecer un verdadero aporte a otra persona; sueños que guiaron a Virginia Satir, al propio Milton H. Erickson, entre tantos otros; podemos encontrar en este artículo un pequeño pero profundo sentido de ¡sí, se puede!, se puede hacer un poquito más feliz a otra persona, quizás sólo haya estado ahí para que la otra persona sea más feliz por ella misma, pero se estuvo ahí, en la comunión de ese milagro. No importando mucho la definición que cada uno le otorgue a “felicidad”. Para algunos sólo superar una situación puntual que le aqueja, mientras que para otros el de poder llevar a cabo un gran sueño.
Aquí una experiencia de vida; donde se conjugan una de las más estigmatizadas experiencias definidas por la nosología psicopatológica, por un lado; y por el otro, el sueño de todo agente de cambio, realizar el puente para una vida de alegría y bienestar.

Fundamento Teórico-Práctico

Primero que nada, se reconoce el trabajo y el esfuerzo del modelo médico tradicional (psiquiátrico), y la intención taxonómica de los manuales diagnósticos en el estudio y práctica del hecho psicopatológico (DSM-IV y CIE-10). Sin embargo, se debe dejar constatado que la intención psicoterapéutica de este caso se proyectó desde un acto epistemológico distinto. Se realizó más allá y por sobre la distinción sujeto-objeto, de las explicaciones causales lineales, de la pregunta del por qué, de las asociaciones simples de conductas observables, del síntoma “malo” y “demoniaco”, del concepto de trastorno y enfermedad. No se utilizaron los mecanismos duales aprendidos en el pregrado o en la cultura social tradicional. No se discutió lo sano-enfermo, lo bueno-malo, lo correcto-incorrecto, la pena-alegría, lo estable-inestable, etc.

El acto epistemológico utilizado se fundamentó en ideas como la explicación de circuito causal cibernético, asumido desde la cibernética de segundo orden, donde no queda posibilitada la acción de separar lo observado del observador; donde se asume distinto lo nombrado de lo que lo nombra. Donde la construcción como acto psicopatológico tiene mucho que referir, donde el pensamiento sistémico es un valioso aporte en el análisis del circuito causal. El acto epistemológico utilizado permite la aceptación y evidenciación de creencias en su acto inicial.

Las creencias que guiaron este encuentro, muchas de ellas implícitas fueron: pudiéramos encontrar una buena intención a la raíz de la acción de tu comportamiento, esa forma de comportarte que muchos llaman “locura”; creer profundamente que todo sujeto humano posee realmente TODOS los recursos disponibles en sí mismo para enfrentar su condición de vida y ser feliz. Y si no ha estado disfrutando de un bienestar, es sólo que algunos de esos recursos se encuentran “dormidos” y la única acción necesaria es despertarlos. La mente y el cuerpo (comportamiento) están íntimamente relacionados de manera sistémica. Necesitamos sólo una mínima diferencia para promover diferencia en un sistema. No existe forma alguna de dejar de comunicar, lo que permite poner atención a toda expresión mínima de comunicación que surge de la acción íntegra del otro, sobretodo no verbal. Y por sobretodo, que el terapeuta es un experto en hacer que el otro se reconozca experto; y que está ahí frente al otro para aprender del otro en su propia experticia no reconocida.

No puedo dejar pasar la oportunidad de testimoniar la utilización de dos principios: el principio básico de la guía ericksoniana siempre proactivo de la utilización, y por su puesto la negociación de partes de Satir (las posturas de Satir), que me fue absolutamente aportadora en este caso en particular.

Introducción

No me hables, si quieres, no me toques,
No me conozcas más, yo ya no existo.
Yo soy sólo la vida que te acosa
Y tú eres la muerte que resisto. Jaime Sabines

Descripción del caso: Cecilia, mujer de 33 años, casada, madre de 3 hijos (17, 16 y 9 años respectivamente). Egresada de pedagogía, “enfermó” durante ese proceso, lo que significó no terminar su carrera. Las crisis la llevaron a abandonar su carrera y a perder su familia, marido se separa de ella y Cecilia pierde a sus hijos. Ella es diagnosticada como Esquizofrénica e internada en Hospital psiquiátrico de Chile. Permanece dos meses internada, amarrada a su cama por variados y sistemáticos intentos de agresión a otros internos que se acercaran a su cama, y por haber tratado de suicidarse tirándose por las ventanas de su pieza (en altura). Sin resolución del “caso” es derivada a familiares para que la cuiden, dejando cupo a enfermos con mayor probabilidad de mejoría. Marido, director de colegio y al cuidado de sus 3 hijos, decide no aceptarla. Cecilia es recibida por su madre, y permanece en una habitación encerrada por cerca de 2 años. Se acentúa en ella colateralmente un trastorno antisocial, no permitiendo el contacto, escasamente se vincula con sus hijos y a su (ex) marido.

Es importante entregar la siguiente información. Cecilia era alumna de octavo básico (último nivel de primaria o preparatoria), con sólo 15 años. Su profesor se fijó en ella y quedó embarazada, siendo obligado el profesor y ella a casarse siendo madre y esposa a los 16 años de edad. Cuando crió a sus dos hijos mayores solicitó la posibilidad de estudiar y terminar sus estudios medios, permiso que recibió siendo tremendamente vigilada y con serios ataques de celos por parte de su marido. Luego nació su tercer hijo (niña) y luego de criarla, pidió permiso para estudiar en la universidad, situación que recibió el mismo trato de los estudios segundarios, muy vigilada y celada; y habiendo egresado, a punto de realizar tesis para titularse se produce la crisis y es diagnosticada como esquizofrénica.

Momento de Encuentro: Siendo relator de cursos de capacitación o especialización, me mandaron a realizar un curso a 48 directores y directoras de colegios de una provincia cercana a Santiago. En una de esas clases mientras discutía la posibilidad de explicar la esquizofrenia como una forma de comunicar situaciones paradójicas al interior de relaciones familiares complementarias de doble vínculo (G. Bateson), haciendo un esfuerzo por deshabilitar el concepto de “enfermedad”.

Un participante, con una rabia muy mal contenida, me gritó desde el fondo de la sala: “¿acaso está diciendo que la esquizofrenia no existe?”. Busqué argumentar que existen otras formas de describir y explicar los comportamientos humanos, y no sólo la de la tradición médica tradicional. Comenté que en mi creencia, si uno “escuchaba” la comunicación de los comportamientos (síntomas), éstos al satisfacer su sentido de expresión dejarían de manifestarse como medio comunicacional. El director, sin menguar su incontenida rabia, me desafía: “¡sane entonces a mi señora!”. Comuniqué que yo no sanaba, cosa que molestó mucho más al director, y para los asistentes al curso significó derechamente una diplomática forma de rehuir el desafío. A lo que comenté, no puedo sanar, si no creo que exista la enfermedad. Puedo escuchar, y lo haré con gusto.

De esa forma se dio la posibilidad de encontrarme con Cecilia, y de haberme enseñado ella esta hermosa lección que deseo compartir. No hablaré de mi participación, pues es casi nula, es la actuación de Cecilia en su personal aventura de llenarse de alegría y decidir su bienestar (sin con ello suponer que en su situación de “locura” haya estado en un “malestar”).

Aventura Biopoética

Debo aclarar lo siguiente. Desde mi infancia dedico tiempo de mi vida a escribir. De origen campesino, utilicé mucho la cultura campesina de “versalizar” el mundo, construir versos de los acontecimientos: “los caballos gordos caminan lentos, se cansan rápido y no tienen hijitos, los caballos flacos le ganan el tranco y su apellido se propaga rapidito…” Esta habilidad campesina la utilicé en “versalizar” las aventuras terapéuticas con mis clientes. Desde el año 2000 que comencé a sistematizar esta práctica construyéndose la Biopoesía como una práctica de poesía terapéutica. Es por eso que lo que a continuación entregaré, merecía esta explicación, pues es la biopoesía de Cecilia, la enseñanza que me entregó.

UN PEDAZO DE VIDA:
CANTO DE ESQUIZOFRENIA
(BIOPOESÍA)

Me miro y no sé como hacerlo,
Tengo sólo ojos y miradas acostumbradas.
Es mi historia esclava,
Sometida y obediente.
Mi sonrisa me delata,
Muestra mis ganas
De vivir independencia.
No sé como hacerlo…,
Nunca lo he hecho,
Sólo hoy comienzo a vivirme entera.

De pequeñita mi vida reclamaba
Dichas y deseos guardados;
Los escondí, y me vendieron
Y nunca pude gritarlos libremente.
Confundí la libertad
Con el deseo de ser libre;
Y transformé mi dependencia,
En amor obediente y ciego.

Y la vida,
¿cómo controlo la vida ?
Ella grita y se alborota
Aquí en mi pecho.
Y grité nuevamente
¡libertad, independencia!
en el gusto de lo ajeno.
Nunca supe que todos mis intentos
Fueron todos controlados
Desde la culpa.
Y pagué mis ganas,
Pagué mis rabias,
Pagué mis sueños.
Pagué el atrevimiento,
Pagué mis deseos
En una sala oscura,
Llena de gritos silenciosos;
Y me gané el miedo de la gente
Y sus corteses lástimas.

No había más remedio
Que la excusa de la vida.
Y busqué afanosa
La “enfermedad” de la locura.
Muy buena excusa
De esta maldita vida
De criterios formales.

Al romper sus condiciones
Adquiría mis deseos
De independencia en el hacer
Y no deberle a nadie
Justificaciones.

Me olvidé en el intento
De un pequeño detalle,
Igual les ofrecí
El poder de dominarme.
Ahora no serían los “criterios formales”,
Sería el concepto de:
“enfermedad diagnosticada”.

Sé que fue el más suspicaz de los intentos,
El más valiente, el de mayor orgullo.
Sé que hay alguien que entiende su sentido
Y con eso basta.

Pero debo mejorar mi estrategia.
Mi ser necesita vida,
Cariño y ternura.
Nunca más confundiré:
Libertad con deseos de ser libre;
Lástima con cariño y ternura.

Un pedazo de vida
Es sólo eso, un pedazo;
Y hoy tengo la propiedad
De mis deseos negados.
Hoy es la vida entera
La que está dentro de mí;
Y es ella y yo
El conjunto perfecto.
Yo elijo desde ahora
Mi sentido nuevo.

Era más fácil,
Era más simple de lo que suponía.
Era sólo respetarme,
Y no andar brindando a nadie
Gustos y alegrías.

Amarme, acariciarme, valorarme;
Y mi alegría será sólo cuestión mía.
Que la gente cante sus deseos
Y que la propia gente se satisfaga.
Yo ya no tengo tiempo,
Mi tiempo es sagrado,
Me rescato y me bendigo
Porque soy constructora
De mi propia historia.

Abandono alegre y sin pena
El rol asumido sin consciencia.
No soy más vuestro “chivo expiatorio”
No pago más vuestras culpas añejas.
Vuestra lástima
No será más mi moneda,
Ni la culpa la medida
De satisfacción a media.
Desde hoy busco en la vida,
Vida que me pertenece por entera,
Los colores, formas y aromas
De mi nueva historia.

Aquí, en este preciso momento
Me nazco, me resucito, me perdono;
Tengo el grado de dignidad necesario
Para poder hacerlo.
Soy parte del todo
Y no me había observado
Tanta grandeza.

Sé que debo reconocer
Mi estúpida vida;
Castigando fantasmas,
Discutiendo con sistemas,
Escondiéndome de logros
Y permitiendo dependencia.
Escondiendo mi temor
En la compañía de lo enfermo,
Guardiana de la lástima
Dispensadora de cariño
En subsidios ajenos.

Cómo no ver la vida
Que espera ser vivida,
Cómo no darse cuenta
Que soy llamada a construir
Desde la locura,
La locura de esta vida destruida.
Cómo no ver mi verdadero camino;
Soy llamada a fundar,
A cambiar,
A trastornar
Toda la anterior vida…,
De todos y cada uno
De los significantes
Momentos de vida compartidos.

Yo soy la constructora
Y no me había dado cuenta.
Hoy asumo en plenitud
Mi vida.

Haré una propuesta:

La vida nos es dada
Sólo como proyecto,
Yo haré el camino nuevo
Con mis propios pasos.
Haré silbar serranías
Con el viento de mi valía,
Haré grietas profundas
Con las goteras de mi antigua tristeza.
Cantaré a la locura
Como el camino más directo,
Para bendecir el encuentro
De manos puras y tiernas.
Haré canción con mi risa
Es tesoro muy preciado,
Lo dispensaré primero a los míos,
Luego vendrán sentires ajenos.

Haré una fiesta de colores
Con mis dolores más tormentosos,
Y ocuparé ese tiempo
Para pintar nubarrones.

Aquí está mi vida
Vestidita de esperanza,
Porque ese es el milagro
Que nunca dudé tenerlo.
Hoy vivo el reencuentro
De la vida con mi vida,
Hoy siento la osadía
De romper todo el sometimiento.
Hoy comenzaré por cantar
¡Hosanna en las alturas!
La independencia la he logrado
Al amar la vida mía.

Amo mi sufrimiento,
Amo mi locura,
Amo la dependencia vivida.
Amo el rencor, la rabia,
Amo el cansancio sentido,
Todo me permitió
Mi gran descubrimiento:
Hoy soy ángel,
Hoy soy una estrella,
Hoy soy una mágica sirena.

No renunciaré
Nunca más
A sentir la dicha,
La amistad, el cariño,
El amor sereno y maduro.

No renunciaré
A saciar mis ansias de placer.
Dios me dio el sentir
Divino es, divino es.

Nunca más la culpa,
El temor y la rabia
Harán presa de mí,
Yo elijo lo bueno para mí.

No debo acompañar
Dependencias enfermas,
Pero tampoco rechazar
La bondad interna.

Sabré disculpar, re significar
Y comprender los errores;
Sólo perdona al prójimo
Dios santo del cielo.

Yo sólo puedo perdonar
Mi poca claridad
De no haber amado
Con anterioridad.

Hoy llegó la luz,
La claridad se llama Paz.

Conclusión

Mi participación ¡nula!, se reduce a aceptar esta invitación hecha por el marido de Cecilia. A la semana siguiente del “desafío”, después del curso, en la casa del director trajeron a Cecilia y la sentaron en la mesa del comedor frente a mi a tomar tesito (hora del té). Sólo me miró. Primera vez, de mucho tiempo, que salía de su pieza, sus ojos redondos y saliendo un poco de sus órbitas, ansiosos, su pelo hermosamente desgreñado, ayudado con unas pinzas para “normalizarlo”. Le agradecí por haber dejado su “mundo” y salir a “mirarme”. Y le pedí me dejara felicitarla ¡?, le connoté su valentía, su fortaleza. Y me miraba ansiosa. Y le dije: “Gracias por enseñarme a ser valiente, tu estrategia fue genial, pudiste “abandonar” a tu marido con la aceptación de la gente. Incluso con el riesgo de perder a tus hijos, pero ellos te aman, quieren acercarse a ti”. Dejó de mirarme ansiosa, sus ojos se volvieron dulces y su boca habló con voz emocionada: “por fin, sólo necesitaba que alguien me entendiera”. Ese fue el ¡milagro!

Cecilia hoy ya no está diagnosticada de “loca”. Cecilia recuperó a sus hijos, pero está feliz sin tener que ser esposa. Ya perdoné, me dice. Y algo hermoso, se reencontró con un amor de infancia, con un niño que fue en juegos su amor infantil. Hoy un hombre que terminó su matrimonio en Canadá, y ya separado se encontró con Cecilia en un viaje de recuerdo a Chile, y a su pueblo de origen. Cecilia esperaba tranquila el amor sosegado, y sin frenesí está en paz.

No he querido explicar qué ocurrió. Sólo quiero sentirlo como una experiencia de vida, no deseo escudriñarlo en base a teorías y fórmulas. Tenía guardada esta experiencia, la comento en mis cursos y hablamos de Cecilia, pero no he querido analizarla desde la mirada escudriñadora de la ciencia. Sólo deseaba una oportunidad para narrarla, en un espacio de espíritus con sed de cielo.

Sólo deseo aprender de la acción del otro en la propia acción de la vida, parafraseando a Whitman, porque tu átomo es mi átomo, porque mi átomo es tu átomo, porque tú y yo somos la misma cosa.


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1 Comentario

  • Maravillosa historia. Conozco a Jorge Vallejos desde hace algun tiempo, hoy puedo ver mas claros esos oscuros dìas que me entorpecian el camino. Solo agradecer la oportunidad de conocer a una persona como Jorge con tanta sabiduria y tanta humildad. Disfruto dia a dia de la vida buena.

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