La adolescencia y sus cambios

Foto: Fast(LCC)

Por Juana Laura Moretti

La adolescencia es un período de transición entre la niñez y la edad adulta, caracterizada por una serie de cambios, muchas veces bruscos, que exigen la adaptación no solo del individuo sino también de las personas que le rodean.Puede decirse que la adolescencia comienza con la aparición de los primeros signos de diferenciación sexual de carácter secundario (los cambios en la voz, el vello en el cuerpo, los órganos sexuales, etc…)

Si estos cambios físicos son espectaculares, los cambios psicológicos que experimenta el individuo no lo son menos.

La adolescencia constituye una etapa única en la vida donde los cambios de todo tipo son tan vertiginosos que la adaptación suele presentar complicaciones.

Durante la adolescencia el individuo completa su crecimiento, adquiriendo la estatura definitiva que tendrá de adulto. Este crecimiento no siempre es uniforme y nos encontramos con una serie de períodos relativamente rápidos de crecimiento alternados junto con otros más lentos. Este tipo de crecimiento acelerado viene dado por un aumento de la actividad hormonal y es muy distinta en cada individuo.

Nos encontramos con chicos que a los 13 años son lo más pequeños de su clase y que a los 18 son los más altos, junto con casos completamente al contrario: crecen muy rápidamente al principio y luego se estacan en su crecimiento.

Las modificaciones que se producen en los adolescentes suelen ser siempre las mismas pero su aparición, su ritmo y su amplitud varían considerablemente de unos a otros, dependiendo de factores ambientales, nutricionales o hereditarios.

En una primera fase nos encontramos con individuos que acaban de dejar de ser niños, incluso algunos con el aspecto todavía de niños, que exigen que los demás les traten como adultos. Aquí radica en muchos casos el sentimiento de incomprensión que tiene el adolescente.

El apoyo familiar es fundamental para el desarrollo del adolescente. Este es óptimo si ha recibido seguridad por parte de su familia sin llegar a ahogarlo por un excesivo proteccionismo.

La misión de las personas que se ocupan de la educación de los adolescentes es fomentar aquellas capacidades que más se desarrollan en esta etapa de la vida: el pensamiento abstracto, la aptitud creadora o el espíritu científico.

Junto con estas capacidades la máxima preocupación del adolescente se centra en desarrollar su propia personalidad, su escala de valores, sus pensamiento y creencias, definir su sitio dentro de la sociedad.

Para conseguir esto, su actitud se vuelve más inconformista y crítico con respecto a los adultos que ejercen sobre algún tipo de autoridad como sus padres y profesores y buscan el refugio y el consejo de compañeros y amigos de su misma edad.

Su afán por la perfección se traduce en una beligerancia contra la familia y un refugio en un grupo donde puede mostrarse sin tapujos, tal como es, expresar sus ideas y reafirmar su personalidad.

La influencia de ese grupo de amistades es determinante en el tipo de actitud que el adolescente adopte con respecto a la sociedad. Si es un grupo saludable y constructivo ayudará al adolescente a desarrollar su personalidad de acuerdo a las normas sociales establecidas. No ocurrirá lo mismo si se trata de un grupo marginal o antisocial.

La mayor parte de los problemas psíquicos que se presentan en la adolescencia son resultado de los cambios que se producen en el individuo y de su incapacidad de adaptación a su nueva situación, la inseguridad para relacionarse con el otro sexo, estados de rebelión, ansiedad o ligeras depresiones están dentro de lo normal. También lo son los primeros escarceos con el tabaco o con el alcohol, así como los peligros del contacto con las drogas.

Es fundamental, por tanto, el apoyo familiar continuo para el desarrollo adecuado de la personalidad del adolescente. Este debe tomar sus propias decisiones como individuo adulto, pero sin olvidar que la familia debe darle todo el respaldo y seguridad posible para que estas sean lo más correctas posibles.


Nuevos enfoques en educacion


Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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