Cajas llenas, cajas vacías… todo depende de las expectativas con las que se mire el contenido

Foto: stupidmommy(Licensed Under Creative Commons)

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Por Rosetta Forner

Esta es la historia que relata el cómo un hombre castigó a su  hija de 5 años por desperdiciar un rollo de papel dorado de regalo al usarla para envolver una sola y única cajita. Dado que andaban muy mal de dinero, el padre se molestó mucho cuando se dio cuenta de que su hija había usado, en una sola cajita, todo el papel dorado de que disponían no quedando más papel para envolver el resto.

Para su sorpresa, la mañana de Navidad, la niña fue al árbol cogió la cajita, se dirigió a él con los brazos abiertos, y extendiendo sus manos para ofrecerle la cajita envuelta con el papel dorado, le dijo: “Papá, éste es mi especial regalo de Navidad para ti”

Ante el semejante ofrenda, candidez e inocente demostración de afecto, el padre no pudo sino sentirse avergonzado por haberse molestado tanto la noche anterior, pero su molestia resurgió de nuevo cuando comprobó que la caja estaba vacía, por lo que la reprendió en tono muy enfadado diciéndole: “¿No sabe usted, señorita, que cuando uno da un regalo, el paquete debe contener algo, esto es, el regalo?”

A la niña se le inundaron los ojos de lágrimas y, con dulce voz, le respondió: “Pero papi…, no esta vacia, ¡la llené de miles besitos para ti!”

Entonces, el padre conmovido por las palabras y la ternura de su hija, la abrazó, y le pidió que le perdonara su horrible manera de proceder. Tiempo después, un accidente se llevó la vida de la niña y el padre conservó la cajita dorada junto a su cama por el resto de su vida. Cuando se sentía solo y desanimado, metía su mano en la caja y sacaba un beso imaginario de ella. Y, así fue como tuvo un regalo que le acompañó durante toda su vida, reconfortándole el corazón en noches de dolorosa ausencia.

En algún sentido, todos nosotros los humanos hemos recibido una cajita dorada llena de amor incondicional y besitos de nuestros hijos, familia, amigos…. No hay regalo mas precioso que uno pueda recibir.

¿De verdad?

Entonces, ¿cómo es que estamos tan ciegos, o tan tontos o tan… que no somos capaces de apreciar las maravillas de la vida? ¿De verdad estamos incapacitados para reconocer la magia, el amor, lo intangible, lo sutil, lo imaginario, la fantasía, lo que de verdad importa pero que a nadie parece importarle…?
Cuestión de “expectativas”, almacenadas como “anclajes” en el inconsciente. Me explico. Las personas nos auto-anclamos, esto es, nos generamos una serie de pseudo-vivencias basadas en las expectativas que albergamos respecto de algo o de alguien. Dichas vivencias virtuales las adornamos de imágenes y las reforzamos con creencias. A continuación, “pasamos una y otra vez la película de la realidad virtual”, hasta que esta queda firmemente anclada en nuestro inconsciente. Y, ya tenemos una expectativa que es tomada por verdad indiscutible e infalible, esto es, se convierte en la realidad más real, la promesa de Dios… a nuestros ojos. A partir de ahí todo lo qué acontezca relacionado con ese tema será escrutado, analizado, tamizado y depurado a través del filtro de dicha “expectativa”, y claro está, aunque no se ajuste a la misma –lo cual, dicho sea de paso, es lo más probable-, aunque “cualquier parecido con la realidad sea pura coincidencia” no lo tendremos en cuenta, lo ignoraremos.

La paradoja de “la coincidencia que es una no coincidencia” no importará puesto que seremos, literalmente, incapaces de verlo. ¿Por qué? Simplemente, porque llevamos puesta la visera de la expectativa, y esta no deja pasar la luz de la realidad no importando cuán ponderosa sea ésta. Veremos lo qué nos interesa ver, e ignoraremos el resto. Por consiguiente, de ahí a la frustración sólo hay un tímido paso.

Y, ¿esto ocurre muy a menudo?

Con demasiada frecuencia. Pues los filtros que dan forma a las expectativas están diseñados por las creencias, esto es, las ideas que tenemos acerca de cómo son o deberían ser las cosas. Y, claro está, todo aquello que no se ajusta a nuestras creencias es “no visto, pasado por alto, ignorado, vilipendiado, rechazado, amargado, desilusionado…” Esperamos lo qué esperamos, y si lo qué llega no se ajusta a nuestro diseño de expectativa…, puede que no solamente lo rechacemos sino que además nos sintamos profundamente decepcionados y frustrados. Lo cual, no hace sino añadir más ceguera y, por ende, distanciamiento a nuestra vivencia de la realidad o al disfrute del regalo que la realidad nos ofrece como oportunidad de algo.

Le hago una propuesta, piense en algo que usted esperaba y deseaba que ocurriese de una determinada manera. A continuación, formúlese las siguientes preguntas:
1. ¿Cómo llegué a crear dicha expectativa, cómo la estructuré o construí?
2. ¿Cómo es que decidí archivar dicha expectativa en mi inconsciente o “almacén interior” así sin más?
3. ¿Qué creencias, en torno al tema genérico que rodea la expectativa, tenía previamente, esto es, antes de conformar o darle forma a la expectativa?
4. ¿Tuve en cuenta el escenario posible de no cumplimiento de la expectativa? ¿Me preparé para ello, desarrollé una estrategia…?
5. ¿Cómo me manejo con la frustración en mi vida en general?
6. ¿Uso la creatividad en su aspecto más excelso que es la imaginación, o por el contrario, me hundo en la fantasía y como la cerillera del cuento me entretengo fantaseando y acabo por morir de frío, en vez de idear una estrategia que me permita alcanzar mi objetivo, cambiar el rumbo de las cosas o al menos hacer algo productivo con la creatividad?
7. ¿Creo que las cosas se logran sin ningún tipo de esfuerzo, esto es, que me las han de dar simplemente porque me las merezco?
8. ¿Conozco y valoro mis capacidades, dones, talentos, comportamientos, etc?
9. ¿Cómo procedo para valorarlos?
10. ¿Qué pienso del destino?
11.¿Creo en el factor suerte como elemento catalizador de la consecución de un objetivo, o creo en el esf uerzo continuado y perseverante?
12. ¿Creo en los Milagros?
13. ¿Cómo puedo hacer para contribuir a que mi vida se ajuste a mi destino en vez de a expectativas fantasiosas?
14. ¿Poseo un factor corrector al estilo “cómo sé lo qué sé”?
15. ¿Equiparo mi valía como ser humano a lograr mis objetivos materiales, sentimentales, laborales, etc.?
16. ¿Qué es lo más importante del mundo para mi?
17. ¿Cuál es mi creencia más sagrada?
18. ¿Cuál es mi talento más talentoso?
19. Si yo fuese un coche, ¿cuál sería y porqué? Y, ¿le enseño al mundo sin rubor el coche que soy?
20. ¿Qué hago para ser cada día más el ser que soy en verdad?
21. Mi antídoto particular para no generar “expectativas” falsas y mantenerme con los pies en la tierra, esto es, en estado realista y creativo.

Mucha gente no sabe apreciar, mejor dicho, ha olvidado cómo apreciar las cosas buenas de la Vida, simplemente porque la Publicidad específicamente, y la sociedad de consumo en general nos impulsa constantemente a fijarnos en lo exterior, en buscar afuera la satisfacción de nuestros anhelos y sueños. Se nos impulsa y empuja diariamente a buscar el preciado alimento del alma (el Amor) en las cosas materiales ya sea estas en forma de éxito laboral, acumulación de riquezas materiales, relaciones sociales, relaciones sentimentales, ubicación de nuestro hogar en determinado barrio, tenencia de tal o cual coche… en vez de animarnos a ir a dentro de nosotros y buscar en la fuente interior el alimento, la riqueza, la alegría primigenias. Dicen que las cosas más bellas del mundo son gratis, pero tanta gente se obliga a disfrutarlas desde un hotel GL o un yate o mansión… que les acaba prostituyendo el sentido de su absoluta libertad y mancilla la belleza impertérrita de su origen.

Casi nadie recuerda ya quién es, y espera, como el padre del cuento, que la cajita contenga un regalo, un algo material… Por consiguiente, cuando alguien nos da su amor, su cariño, su tiempo, sus besos, sus abrazos, sus sueños preciados, cocina para nosotros, nos dibuja un corazón con alas, nos escribe un poema… podemos llegar a despreciarlo porque no viene con el sello de Tifanny’s ni se trata de un super coche, un super viaje, un super anillo de super diamantes… La sencillez, el agradecimiento, la alegría, la capacidad de disfrutar de todo lo que la Vida nos ofrece, el contar nuestras innumerables bendiciones… es propio del alma genuina, libre y auténtica que vive su vida humana basándose en sus propias creencias de referencia interna, esto es, decide crear sus propias creencias e ideas y el cómo vivir su vida, asumiendo que las cosas no son siempre lo qué parecen, y que habrá decepciones por el camino si siembra expectativas. Por lo que, se afanará en fluir con la vida, en tratar de vivir con los brazos abiertos dándole la bienvenida a las sorpresas, creyendo en sí mismo y en sus capacidades, usando su capacidad y habilidad innata para re-encuadrar las situaciones y “hacer limonada cuando la vida nos envía limones”; usará su creatividad para diseñar un presente lleno de besos y un futuro repleto de buenos deseos.

Dicen que cuando uno no espera nada, la Vida siempre nos sorprende. A mi me acaba de suceder algo así. Uno de mis clientes de coaching -un alumno para aclararnos-, se fijó en una de sus sesiones en que me gustan los pedruscos (y no me refiero solo a los diamantes), si no a los cuarzos y similares. No dijo nada, pero me hizo llegar un ejemplar divino de Celestina que él mismo había cogido en un lugar de España. Es la piedra de Celestina (celestial), más bella que he visto jamás… Pero es más bella aún por lo inesperado del regalo y por la manera tan mágica de haber llegado a mi vida.

Lo opuesto también es cierto, esto es, me he emponzoñado las mañanas de mi vida, aguándome simbólicamente el cappuccino que me tomo por las mañanas para saludar al nuevo día, al empeñarme en “predeterminar” los acontecimientos del día o al menos algunos de ellos. Sobra decir que me he molestado sobremanera cuando uno de los “predeterminados” no se ha materializado. ¿Mi antídoto? Uno de tantos es recordarme que todo sucede para mi mejor bien y que estoy muy protegida (a niveles celestiales), por lo que si no sucede algo o sucede otra cosa será cuestión de mi “equipo A”. Otro antídoto: mi sentido común, que es muy lógico, sensato y analítico, a saber: me formulo la pregunta del millón “¿Cómo estoy contribuyendo, tanto por acción como por omisión a esto, ya sea en su ausencia o en su resultado?” Y, como no hay dos sin tres, tengo un tercer antídoto (hay más, pero no se los contaré todos…), que es el sentido del humor. Sí, me dedico a reírme de mis “cosas, ocurrencias…”, le doy la vuelta, lo desdramatizo, le quito hierro… Uso al mago en mí, y me hago cosquillas (simbólicamente hablando) en las alas. Asimismo, me recuerdo que la vida en la Tierra es demasiado corta como para ningunearme la estima, sembrar de tormentas mis despertares, ahuyentar de mi reino a la inspiración, y torturarme el alma porque tal o cual empresa no me quiso contratar tal o cual curso, o porque tal o cual persona me entregó una caja vacía… ¿Por qué? Pues, ¡porque siempre estoy yo para llenarla de besos hadados!

La próxima vez que le entreguen una caja vacía de algo, o llena de algo que no le guste, recuerde: Usted siempre puede llenarla o cambiarle el contenido. Pero, por si a caso, asegúrese de que está realmente vacía o de que objetivamente no le gusta el contenido, no vaya a ser que esté llena de besos mágicos, amor del bueno, sueños hechos realidad, milagros angelicales, chispas de hadas, cosquillas de nubes, abrazos de su alma gemela, o guiños del destino.

Yo, desde aquí, le envío una caja preciosa para que usted la llene de lo qué desee. Particularmente, me encantan las cajas, las cajitas, las cajotas… Me sucede como con las piedras, me encantan y tengo de todo tipo y procedencia. En ellas suelo guardar tesoros que me he encontrado en mis viajes por el mundo mundial. Por ejemplo, tengo una cajita en cuya tapa hay esculpido un ángel –me la regaló una mujer fantástica de Oregon y colega mía de PNL-, en cuyo interior guardo dos monedas que me encontré andando por las calles de San Francisco, y otras “dos cositas” que hallé, ese mismo día, al final de mi meditación/recorrido del laberinto en la Grace cathedral de San Francisco y que para mi suponen la respuesta del Universo a mi pregunta.

En la película Forrest Gump, intepretada por Ton Hanks, el protagonista dice repetidas veces que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes el qué te va a tocar.
Cajas llenas, cajas vacías… Todo depende del “tipo de ojos” que use para ver, sentir, oler, saborear, paladear, intuir… su contenido.

 

Bernardo Sokner – Como hipnotizar

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1 Comentario

  • Muchas veces nos quedamos enfrascados mirando esa parte de la situación, del acontecimiento o de su consecuencia y nos caemos con todo el equipo en un único punto de vista. Por lo tanto, es importante darse cuenta de que existen muchas formas distintas de ver lo mismo. Todo depende del color del cristal que pongamos.

    Buen artículo!

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