Berrinches: ¡ya no acepto cualquier cosa!

Foto: Yangund(LCC

Por Susana Ariel

Muchos de los berrinches que azotan la vida de nuestros hijos y las nuestras podrían ser evitables. Para ello resulta imprescindible aprender a evitar situaciones concretas y saber interpretar correctamente las reacciones que tienen nuestros hijos. Muchos de los berrinches que azotan la vida de nuestros hijos y las nuestras podrían ser evitables.

Para ello resulta imprescindible aprender a evitar situaciones concretas y saber interpretar correctamente las reacciones que tienen nuestros hijos. La época de berrinches es una época dura para los padres que llegan incluso a dudar de su propia capacidad como educadores. La carga emocional que conlleva ese momento les descarga las pilas incluso a los más duros.

Como es lógico cada niño tiene una historia concreta a sus espaldas y por lo tanto resulta prácticamente imposible dar una norma común que evite los berrinches de forma generalizada, aunque lo que sí es posible es tomar en cuenta una serie de nociones.

El agotamiento:

Cuando el día de un niño ha sido agotador, lleno de risas, juegos o estímulos, el niño se encuentra cansado y, al igual que los adultos, está más sensibles ante cualquier estímulo que le importune.

De este modo un pequeño detalle puede ocasionar un berrinche inicialmente inesperado. Por ejemplo no sería bueno mandar al niño a la cama sin más preámbulos. Ha pasado todo el día rodeado de gente por lo que no resulta buena idea echarlo del círculo repentinamente. Sería mejor idea acompañarlo a la cama, leerle un cuento e iniciar el proceso de sueño paulatinamente.

Tenemos que recordar que se trata de niños y para ellos no resulta tan sencillo terminar el día de un momento a otro. Por eso es buena idea establecer una rutina que el niño conozca a la perfección y sepa cómo va a producirse el proceso de irse a la cama.

Organización:

No hace falta más que un poco de sentido común para evitar situaciones complejas y propensas para los berrinches de nuestro hijo. Me explico: si la hora de ir a la cama es a las 9, no resulta ser buena idea poner la TV a las 8:45, ya que lógicamente el niño no querrá irse a la cama y dejar a medias lo que había empezado a ver.

Otro ejemplo: si hemos quedado con unos amigos para comer a las 14:00 horas tampoco es buena idea que nos pongamos a jugar a un juego concreto con nuestro hijo 5 minutos antes de salir, ya que como es lógico querrá seguir jugando y 5 minutos sarán muy poco tiempo para él.

De par de mañana:

Cuando amanece un nuevo día en la vida de nuestro hijo, él todavía no es consciente de todas las actividades que le esperan y es muy lógico que le cueste activarse o incluso mover de la cama. No podemos pretender que se active en cuestión de segundos y resulta más que lógico que se queje. Como niño y persona que es necesita su propio tiempo. Por lo tanto asumamos eso y concedamos al niño los 2-5 minutos que necesita, incluso si es preciso podemos despertarlo 5 minutos antes para que las prisas no nos ahoguen.

Una rabieta no se produce de un momento a otro sin más. Podemos llegar a percibir algunas señales amenazadoras que nos den una pista sobre cómo se va a desarrollar el asunto.

Una voz llorosa o una reacción brusca presagia que una pataleta se avecina y es el momento de trata el asunto con la mayor creatividad posible, puede hacerse de formas muy diversas pero en todas ellas lo que se busca es que el niño llegue incluso a olvidar que iba a cogerse un berrinche. Esto puede hacerse iniciando un juego, cantando una canción, cambiando repentinamente el contexto, etc.

Los berrinches en los niños suelen empezar hacia los dos años y generalmente terminan hacía los 6. Durante este tiempo el niño se va convirtiendo en una personita con deseos y exigencias personales basadas en su independencia por lo que su pretensión es el de imponer sus propios intereses.La intensidad en los berrinches varía notablemente entre un niño y otro, mientras que algunos a penas hacen uso de ese mecanismo en algunas ocasiones contadas, para otros supone un instrumento más que recurrente.

Aunque resultan molestas y en ciertos casos preocupantes las rabietas forman parte del crecimiento de su hijo y es una clara señal de que se está desarrollando con normalidad. Por lo tanto estos deben ser resueltos, no por la fuerza, sino mediante habilidad, por muy agotador que resulte.

Mediante los berrinches el niño lo que está tratando es averiguar hasta dónde puede llegar o estirar la paciencia de sus padres. Se trata de una claro rechazo hacia los adultos y por eso se resiste a la voluntad de estos.

El niño vive un momento difícil en el que por un lado desea continuar viviendo constantemente en el regazo de su madre y por otro lado desea ampliar horizontes a base de una mayor independencia que le permita descubrir nuevos conocimientos y nuevos horizontes.

Esta etapa de rebeldía ayuda al niño a darse cuenta de que tiene una voluntad propia y por lo tanto no está dispuesto a aceptar cualquier cosa, lo que le permite desplegar nuevas ideas, establecerse nuevo objetivos y por supuesto llevarlos a la práctica. Así ante las limitaciones que encuentra reacciona mediante berrinches.

La forma de expresar y exteriorizar esa rebeldía depende del carácter de cada niño: unos optan por dar patadas tirados en el suelo, otros prefieren dar chillos y formar un gran alboroto, otros dejan de respirar por unos segundos y otros simplemente tiran ciertos objetos al suelo.

El berrinche lo podríamos describir como un comportamiento irreflexivo que cuando está en marcha es prácticamente imposible detenerlo, es como si el niño perdiera el contacto con el entorno e incluso llegara a olvidar la causa del berrinche perdiendo el contacto con el mundo en general.

Ante este tipo de actitudes por parte de nuestros hijos debemos aprender una regla de oro: tenemos que reaccionar del mismo modo en casa y en espacios público, ya que si el niño se da cuenta de que por miedo cedemos a sus solicitudes en público lo tomará como costumbre.

Esta rebeldía por parte del niño lleva a los padres incluso a dudar de su capacidad de educar al pequeño. La sensación de que la situación se les escapa de las manos les lleva a pensar incluso que nunca hacen lo adecuado.

Mientras que para los padres un berrinche supone una dura prueba de fuego a sus nervios, para los niños supone una posibilidad de articular sus propias necesidades.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia
Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.


Más información

 

Los comentarios se han cerrado

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR