Autoimagen

Por Sara Lindener

Para Feldenkrais, la autoimagen consta de cuatro componentes que intervienen en toda acción: movimiento, sensación, sentimiento y pensamiento.  Cada uno de estos componentes actúa en distintas proporciones dependiendo de cada contexto particular. Y en cada uno de estos componentes intervienen los demás. Para deprimirse, por ejemplo, hace falta adoptar una cierta postura corporal, pensar de una determinada manera y tener una sensación (visual, auditiva o kinestésica). Para cantar una canción, es necesario que haya un pensamiento, un movimiento, una sensación y un sentimiento. Y esto es así para cualquier acción que queramos hacer en la vida. No es posible vivir si alguno de estos componentes disminuye por debajo de un umbral o si desaparece del todo.

La autoimagen va cambiando y modificándose continuamente, pero de forma casi imperceptible las acciones se van transformando en hábitos.

Hay que tener en cuenta que nuestra autoimagen va creciendo en la medida en que vamos desarrollando nuestras distintas capacidades. Las células que hemos utilizado con efectividad son las que configuran nuestra autoimagen, hecho que hace que ésta sea menor de lo que podría ser. Un ejemplo de esto es la gente que habla más de un idioma porque tiene su autoimagen , más cerca del máximo potencial que quién únicamente habla un idioma. Esto nos lleva a que a deducir que son más importantes los varios patrones y combinaciones de células que su número material.

El hecho de que nos pongamos metas y consigamos alcanzarlas hace que pongamos fin a nuestro aprendizaje, lo que hace que en gran medida el ser humano, en muchos casos, sólo utilice solamente utilice el cinco por ciento de su potencial. Para cubrir las necesidades básicas de la sociedad basta que los miembros de ésta desarrollen lo mínimo su autoimagen. Pero en esa situación habrá quién vaya más allá y continúe ese proceso de desarrollo. Hay ciertas células que influyen en el desarrollo de la autoimagen debido a que tardan más en utilizarse o a que nunca llegan a ser utilizadas, ya que al no desarrollarse impiden que se desarrolle la imagen.

El valor que el hombre aprecia que en la sociedad tienen de él hace que se juzgue a sí mismo. Y, la evaluación que él haga de sí mismo influirá en su mejoramiento.

Una vez que hemos creados unos patrones de conducta estos influirán en conductas que aprendamos más tarde. Por ejemplo, si aprendemos una técnica de pintura y más adelante aprendemos otra, la técnica empleada en la primera tenderemos a utilizarla cuando aprendamos la segunda.

Hay partes de nuestro cuerpo que al no usarlas de manera clara no tenemos una conciencia clara sobre su existencia. Es decir, que si alguien no realiza una actividad no puede sentir la parte de su cuerpo que la realiza como parte de su autoimagen. Una persona que no sepa nadar no tendrá el conocimiento de que sincronizando el movimiento de los pies con el de los brazos podrá avanzar en el agua.

En este contexto se no presenta una situación que al mismo tiempo que es extraña también es ideal. Esta situación es la de un conocimiento completo de nuestra autoimagen, ya que supondría una conciencia continua de todo nuestro cuerpo.

El hombre puede configurar su imagen exterior de acuerdo con lo que quiere que los demás piensen de él y sólo él sabrá qué parte de esa imagen es más cierta y qué parte de la misma es más falsa.

 

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