Atajar las discrepancias

Por Denis H. Lee

Ocurre con bastante frecuencia que una situación desesperada exija de nosotros la toma de una decisión rápida y determinante. La decisión no puede esperar. No disponemos de tiempo para pensarlo detenidamente, con calma.

Una de las claves está precisamente en la celeridad de la decisión.  Demorar nuestro fallo puede ser el mayor error. No sólo se trata de hacer lo correcto sino de hacerlo ya. Es muy cierto que, en la mayoría de los casos, una decisión precipitada es lo peor que podemos hacer y que resulta mucho más efectivo tomar las medidas pertinentes con la cabeza fría, sin precipitaciones, fuera de la confusión y de la agitación propias de una situación de tensión.

Sobre todo cuando se trata de un enfrentamiento con otra u otras personas que mantienen posturas diferentes a la nuestra suele ser frecuente que las ideas broten mucho más fácilmente más tarde, horas o días o semanas después del momento oportuno.

“Si hubiera actuado de esta otra manera… Si le hubiera contestado esto otro… si hubiera aclarado este punto en lugar de empecinarme en este otro argumento… Si se me llega a ocurrir esto en ese momento…” Todas estas ideas acuden a nuestra mente con total lucidez a nuestra mente después de la “lucha”. Lastima que sea demasiado tarde.

Aunque más tarde podamos retomar de nuevo la discusión, la primera batalla ya está perdida.

Para evitar esto podemos diseñar una serie de puntos que nos pueden servir como esquema general para desarrollar en momentos que nos exigen sobre todo rapidez. Antes que nada se trataría de establecer si existe realmente un desacuerdo, posturas encontradas o simplemente se trata de un malentendido. Si ese trata de esto último la solución es muy sencilla: bastará con aclarar ese malentendido.

Si por el contrario existe un desacuerdo esto exigirá una nueva estrategia, porque necesitaremos encontrar argumentos para persuadir al otro.

Para ello es importante ponernos en la situación de nuestro rival, centrarnos no sólo en lo que estamos dispuestos a hacer nosotros por resolver esa discrepancia sino pensar en qué es lo máximo que la otra parte está dispuesta a ceder.

Además sería recomendable hacerlo desde el enfoque que el otro toma de la situación, emplear sus propias estrategias para convencerlo de las nuestras. Todos estamos convencidos de que nuestro punto de vista es mucho más real que el de los demás, por lo que somos mucho más accesibles si nos abordan desde nuestra propia postura, si el otro sabe colocarse a nuestro propio nivel.

Apoyados en este enfoque podemos ser capaces de anticiparnos a los movimientos o respuestas del otro, conducirlo hacia nuestro propio rumbo. Una vez que logremos llevarlo hacia nuestro terreno siempre debemos dejar una puerta abierta al otro, ya que el acuerdo sólo se logra si las dos partes enfrentadas así lo quieren.

Ambas partes deben saber sentirse ganadoras ya que han superado una situación de desacuerdo y de conflicto.

Ceder en pequeñas cuestiones ante el rival, suele ser aconsejable para lograr ese clima final de cooperación y abonar la resolución favorable de futuras diferencias.

Pensemos que atajar con celeridad y eficacia cualquier discrepancia puede ser la manera más efectiva de resolver problemas mayores en el futuro.

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Las ranas hacen CHOP

Ricardo Ros – Las ranas hacen CHOP Cómo conseguir mis objetivos

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