Arquitectura de tu vida

Por Abel Berenice

La vida es como un gran edificio que podemos construir a nuestro antojo. Si nos preguntamos a nosotros mismos si estamos contentos con nuestra vida y con nosotros mismos, podemos obtener dos respuestas; sí o no. Ante estas respuestas podemos deducir dos cosas, o que realmente estamos satisfechos, o que somos muy poco ambiciosos.

No sirve de nada tratar de engañarnos a nosotros mismos, debemos buscar nuestras propias debilidades y mejorarlas. Siempre como algo positivo que nos va a ayudar a crecer.

Entre aquellas personas que están satisfechas consigo mismos podríamos distinguir dos tipos:

Los presuntuosos: aquellos que no han sabido juzgarse correctamente, ni objetivamente, es decir, viven totalmente equivocados sin saberlo.

Los templados: aquellos que saben exactamente dónde están, andan con pasos firmes y seguros. En definitiva, estos son los que debemos tomar como modelos ya que tienen los pies en la tierra con una actitud que les impulsa a alcanzar todo aquello que se proponen.

Lo que nos impulsa a movernos y emprender nuevas iniciativas son las preguntas que nos hacemos en diálogo interno:

¿Ambiciono algo más de lo que tengo?

¿Quiero dar un paso más cada día en vez de acomodarme con lo que ya he conseguido?

¿Puedo alcanzar aquello que soñé y pensé que era inalcanzable?

Nadie ha dicho que la vida sea un camino se rosas y mucho menos si lo que queremos se queda en una mera intención. Lo que produce los cambios es la acción. Todo el mundo es capaz de pensar, pero no todo el mundo actúa al respecto. Los pensamientos e intenciones puede ser un simple humo que se evapora si no correspondemos mediante la acción. Todo debe tener un fin práctico que nos haga obtener algún resultado, sino no supone más que una simple pérdida de tiempo.

Para alcanzar cualquier tipo de meta, es primordial dividir el recorrido en etapas, ya que esto nos ayuda a ir venciendo el camino poco a poco, lo que hace que parezca mucho más corto.

Para emprender esa nueva vida llena de retos y desafíos se pueden tomar como base cuatro elementos de ayuda:

1. Tranquilidad activa: sin precipitarse pero sin dormirse.
2. Mesura: eliminando todos aquellos excesos que no nos lleven a ninguna parte.
3. Imperturbabilidad: lo importante es lo que se lleva dentro.
4. Constancia: persecución de un fin concreto y detallado.

El mundo está lleno de gente descontenta, que vive una vida gris, los días pasan y pasan, pero sin cambios ni aspiraciones. Este tipo de personas viven descontentas pero siguen haciendo las mismas cosas y de la misma manera. No se plantean que las cosas puedan hacerse de un modo diferente.

Para salir de esa vida gris, primero tienen que saber qué es lo que quieren, para no perder el tiempo.

Recuerde que el triunfo está al alcance de todos aquellos que encaminen su vida a alcanzar nuevas metas y retos. No basta con saber qué es lo que queremos hacer, hace falta hacerlo.


El niño que iba a resolver los problemas del universo

Ricardo Ros – El niño que iba a resolver los problemas del universo

El mundo funciona con sus leyes. Los objetos caen al suelo por la Ley de la Gravedad y si no respiras, te ahogas. Superman vuela y no necesita respirar, pero sólo es una película. La vida real es como es. Nuestra vida no es una película. Un Supermán real se partiría el fémur si saltara entre dos edificios. Pero todos imaginamos que triunfamos, nos vemos rodeados del éxito, en el amor, en el trabajo, en los negocios. Es fácil soñar. Para poder modificar algo primero hay que reconocer que existe. Para poder modificar la realidad, primero tenemos que centrarnos en la realidad. Si negamos la realidad nunca vamos a poder cambiarla. Puedes soñar, pero si no trabajas en contacto con la realidad, la realidad te superará y te absorberá. No estar bien psicológicamente significa no saber distinguir entre nuestros sueños y la realidad. Tienes que soñar, pero es necesario que sepas que eso no es la realidad, es sólo un sueño, un deseo, una fantasía, una ilusión. Por un lado está la imaginación, y por otro lado está la realidad. Son dos cosas diferentes. Saber diferenciarlas es la frontera entre poder realizar los sueños o quedarnos estancados en la fantasía. No aceptes las cosas como están, lucha por cambiarlas. Pero tienes que tener claro que
sólo puedes cambiar las cosas si estás en contacto directo con la realidad. Las fantasías no necesitan de tu ayuda para cambiar, se cambian solas.
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