Apología de la explicación sencilla

Albert Einstein, siglos después de Ockham, recomendó hacer las cosas lo más simple posible, pero no más simple.

Y sin embargo, pareciera que el común de la gente prefiere las explicaciones complicadas a las sencillas. De otro modo, ni Ockham ni Einstein hubieran debido afirmar que es necesario buscar explicaciones y soluciones sencillas.

Parece mentira, realmente. El gran PNLista Will MacDonald decía que “lo difícil es aprender a buscar lo simple”. Y en mi experiencia, realmente cuesta.

Aún en el campo de la PNL, campo iniciado estudiando, por ejemplo, a genios de la simpleza como Milton Erickson, encontramos simpatizantes de lo complicado. Imaginen ustedes lo que ocurre en campos más antiguos de las ciencias del comportamiento: “no puede ser que alguien se cure en quince minutos”, “el diagnóstico debe haber sido erróneo”, “el cambio debe ser superficial; deben quedar cuestiones profundas sin resolver”, y otras muchas explicaciones a las que los PNListas estamos acostumbrados a escuchar de los defensores de los mecanismos anticuados y rebuscados, tienen todos algo en común: la defensa de las costumbres de quien lo dice. El rechazo de lo nuevo y distinto.
Richard Bandler ha dicho en varias ocasiones que para Virginia Satir, el instinto primordial del ser humano no es la supervivencia, sino mantenerse apegado a sus costumbres. Pensemos en ello por un momento y tendremos una explicación bien sencilla de por qué la gente es capaz de suicidarse antes que aceptar un cambio radical en su vida; de por qué a la gente le cuesta tanto cambiar su dieta, aún a riesgo de enfermarse gravemente; de por qué a tantas personas les cuesta tanto dejar vicios perjudiciales.

De paso, si a usted, como a mí, le sorprende el hecho de que tantas personas se resistan a creer en lo que es capaz de hacer la PNL, piense nuevamente en las palabras de Satir

Una de las aplicaciones básicas de la PNL en el mundo empresario consiste en lo que se llama “Resolución de Problemas”. Lo cual es muy gracioso, porque para un PNLista nada es un “problema” sino una situación llamada “estado presente” a la cual sólo le falta definir el “estado deseado” y la manera de alcanzarlo. Pero ocurre que uno debe hablar el lenguaje de su interlocutor, y si en el mundo empresario la gente está acostumbrada a hablar de “problemas”, bienvenido sea.

Existen numerosos “popes” de la resolución de problemas, y diversos métodos. Consisten en pensar lateralmente, ponerse seis sombreros distintos y otras acrobacias. Para usarlos, hay que, como mínimo, leerse uno (o más) libros, y a veces asistir a cursos. La justificación ofrecida es que los problemas de hoy en día son más complicados que los del pasado.

Pues bien, pienso revelarles un secreto. El mejor libro de resolución de problemas no se encuentra ni en las bateas de administración de empresas, ni de sistemas, ni de auto – ayuda, ni de PNL. Diríjase usted a la sección “Matemáticas” de la librería y consígase ya mismo Cómo plantear y resolver problemas por Giorgy Polya. Una joya de simplicidad, elegancia y buen humor. Su característica principal es que el método de Polya ocupa, completo, una página. Luego sigue una explicación de cada punto (unas veinte páginas). El resto del libro es un breve diccionario de heurística (la ciencia que estudia los descubrimientos) y una serie de problemas de ejemplo.

Tengo sospechas acerca de por qué aborrecemos lo simple; por qué el libro de Polya es casi desconocido fuera del ambiente de la matemática y de parte del campo de los sistemas y la PNL.

La primera razón, a mi juicio, es que la simpleza viene con la experiencia, requiere mucho tiempo y esfuerzo. Los mejores patrones y técnicas de PNL son tan sintéticos que se ajustan sin problemas a un sinnúmero de situaciones diferentes. Pero eso es gracias a horas y más horas de trabajo de sus autores.

Dice el mito urbano que el examen final para un chef es hacer bien un huevo frito. Cualquiera es capaz de hacer una salsa con veinte ingredientes, pero sólo los expertos pueden hacer bien algo que tiene sólo dos ingredientes. Esto nos lleva a la segunda razón por las que la mayoría de nosotros prefiere las explicaciones complicadas.

En las cosas complicadas es más fácil disimular los errores: las fallas quedan ocultas detrás de un fárrago de explicaciones / ingredientes / variables, los cuales distraen la atención con gran facilidad.

Se dice que para Moshe Feldenkrais, autor de la mayoría de las técnicas corporales que usan los PNListas (por ejemplo las anclas kinestésicas), no se aprende haciendo, sino dejando de hacer. O sea, para que un niño aprenda a llevarse comida a la boca con una cuchara, necesita descartar todos los demás movimientos que producen resultados equivocados. Cuando finalmente comienza a encontrar la boca con la cuchara, descarta gran cantidad de movimientos posibles. En otras palabras, aprendemos por prueba, acierto y descarte, y no por prueba y error como se dice por ahí.

Por lo tanto, para llegar a una explicación sencilla de un fenómeno o situación, para llegar a una solución sencilla a un problema, hay que descartar muchas otras explicaciones y soluciones. Y eso es lo que lo hace tan complicado, como decía Will MacDonald.

Elegir las explicaciones sencillas, en última instancia, es una cuestión de principios. Como tantas otras cosas, cuanto más se lo hace, más sencillo se vuelve.

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