Aceptar las emociones

Foto: Gayle(LCC)

Por Alicia G. Palacios

Aunque a simple vista nos parezca que no, la capacidad para expresar nuestras emociones debería ser ejercitada más a menudo. Las emociones, nos guste o no, deben ser liberadas. De esta forma tras sufrir un accidente de tráfico resulta bastante más positivo gritar, llorar e incluso temblar para liberar esa tensión acumulada. Consiguiendo tranquilizarnos en unos minutos.

Por el contrario la persona que trate de negar la situación de tensión vivida, lo revivirá en su mente, ya sea consciente o inconscientemente, durante mucho tiempo. Reviviendo una y otra vez la situación, algo que le oprimirá quizá sin que ni él mismo sea del todo consciente de lo que le sucede.

Si nos paramos a pensar, el hecho de expresar nuestras emociones en muchos casos, no está bien visto. Se considera que se han perdido los estribos, y que esa persona no es capaz de dominar la situación.

En muchas ocasiones las emociones nos asustan, ya que nos enfrentan a una realidad que quizá preferiríamos no ver.

Una frase que quizá resume muy bien esa tendencia a esconder las emociones es que: el hecho de que un sufrimiento o una alegría no se vea, no impide que exista.

Incluso el daño puede ser mayor si evitamos expresarlo, ya que todo lo que nos guardamos en nuestro interior, tiene que salir al exterior de un modo u otro, no se quedará dentro.

La mayoría de las situaciones de malestar se deben a que no hemos dejado salir una emoción y se ha bloqueado en nuestro interior, originando una situación de malestar.

En la mayoría de los casos aunque la primera tendencia sea la de guardarse las emociones y evitar exteriorizarlas, generalmente es necesario un pequeño empujón para que estas salgan.

En muchas ocasiones no se considera apropiado que alguien muestre sus emociones abiertamente, llegando incluso a considerarse como impropio.

Quizá sea porque nos resulta bastante más cómodo evitar conocerlas y tratar de mirar hacia otro lado que nos resulte más fácil de mirar, como si nada hubiera sucedido, algo que por cierto no ha sido así.

Simplemente nos obligan a encarar la cruda realidad que nos rodea, sin máscaras con las que esconder nuestros sentimientos más íntimos.

Esto nos lleva a intentar por todos los medios a nuestro alcance, intentar reprimir esas emociones o por lo menos disfrazarlas.

Tratar de silenciar nuestro interior no resulta en ningún caso algo positivo, ya que perdemos parte de nuestra libertad y de la información que habla de nuestra propia vida.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia
Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.


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