Accidentes en la infancia

Por Leticia Santos

Los accidentes son la primera causa de mortalidad entre los niños europeos en edades comprendidas entre uno y catorce años. Los accidentes se producen en la mayoría de los casos por despiste o imprudencia de manera que, aunque el suceso es independiente de la voluntad humana y viene dado por un agente exterior, el sujeto es responsable en mayor o menor medida de las consecuencias de este.

Esto no ocurre así en la infancia ya que los niños no se encuentran capacitados para medir las consecuencias de sus actos, de calcular el peligro, de prever la causa y el efecto de algo.

Dentro de los distintos períodos de la infancia los accidentes tienen unas características determinadas.

Así durante el primer año de vida , lógicamente, los accidentes no ocupan la primera causa de mortalidad, ya que el niño de esa edad tiene otros riesgos mayores como las enfermedades propias de los neonatos. En esta edad los accidentes más frecuentes son el ahogamiento ya que el niño todavía no es capaz de coordinar sus movimientos para evitar o apartar un obstáculo que le impide respirar como un almohadón o una manta de la cuna.

En otros casos la asfixia del niño se produce por dar alimentos al bebé mientras está dormido o somnoliento.

Entre los niños más mayores el accidente más común es el de tráfico con casi un 60% de las muertes, tanto por atropello como por viajar en un vehículo sin el preceptivo cinturón de seguridad.

Otra de las causas de mortandad infantil más frecuentes es por intoxicación al ingerir productos nocivos como medicamentos o productos de limpieza, con envases atractivos que el niño ingiere por equivocación.

Las quemaduras también ocupan un lugar destacado así como las caídas desde lugares elevados, ventanas o balcones en la mayoría de los casos.

Existen algunas circunstancias que favorecen la existencia de estos accidentes: una casa demasiado pequeña, sin espacios específicos donde el niño pueda desarrollar sus juegos con libertad, tomas eléctricas o enchufes sin protección, terrazas o balcones mal protegidos, juguetes peligrosos, vigilancia insuficiente, etc…

En este aspecto debemos conocer que existen determinados lugares de nuestros hogares más peligrosos que otros. En este sentido la habitación más peligrosa de la casa es la cocina, seguido del dormitorio y del baño: las cocinas económicas, los fuegos de gas o eléctricos, los electrodomésticos, los enchufes, las planchas, los utensilios de cocina, cuchillos, tenedores, productos químicos para la limpieza, medicamentos, etc…

En realidad son muchísimas cosas las que, sin representar para nosotros ninguna amenaza, en manos de un niño puede ser todo un peligro, desde una aceituna con hueso, un fruto seco, una bolita de cristal o un pedacito de metal, un tornillo mal apretado, un armario mal cerrado, una escalera sin protección, una simple bolsa de plástico y tantas otras cosas pueden desencadenar la tragedia.

La prevención de los accidentes en la infancia debe realizarse mediante campañas educativas dirigidas tanto al niño como al adulto.

El niño debe ser convenientemente advertido de los peligros que le rodean desde muy pequeño, aunque procurando no atemorizarlo demasiado.

A pesar de todo, se hace necesaria siempre una constante vigilancia de los niños hasta que estos conozcan convenientemente su entorno y sepan valorar y evitar las situaciones de riesgo.


Nuevos enfoques en educacion

Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.

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